¡Qué manera!

Qué manera de cerrarme la puerta,
qué más despiadado que su yo largo
y huidizo
que esa solitaria mano que lanza de golpe el adiós
sin darme tiempo a reaccionar.

No reparo aún mi asombro
cuando el certero derrumbe del momento
cae demoledor, sin despedida.

Qué manera de sepultarme su silencio
y apenas un perdón como puñado de tierra
para ahogarse en la boca.

Qué escuálidos mis reflejos
y esa indecorosa sensación de indiferencia
que tumultuosamente queda
como un pecho a la deriva.

Esto es
es
¡qué feroz violencia para mi corazón
y yo desprevenida!

Qué manera de dejarme inmóvil
sin tiempo ni derecho a la respuesta
y que ahora es pálpito enojado
de un no que se agiganta
porque no,
no, no, quiero

¡ qué manera de hacer que no lo quiera!

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