Infinita




Entonces estoy
algo alarido, algo negación y transparencia,
algo conmovida y mejilla tibia.
No siento el frío, hay un fuego estimulante
y una manta verde
que hace de lanaterapia
o suavidad de menta como esta lluvia
para mis pies congelados.

Mi habitación semeja una acuarela océanica
un cálido caribe, donde a veces estoy triste,
otras profundamente serena,
tengo una colección de delfines cristálicos,
violáceos y aguamarinas,
a veces también me siento dichosa,
tengo buen humor,
y lápices de toda la cromatina de los azules posibles,
están a mano junto a los papeles reciclados
que fabrico de rosas y tulipanes y tallos de girasol
y maravillas y papeles de diario con noticias olvidables,
y a veces estoy profundamente sola,
entonces enumero mis letras "e" más benditas,
en ocasiones las trazo en caligramas
que hablan de espiritualidades y espejismos
entonces es que estoy empezando de nuevo.

Me concentro en el ruido de la calle,
pienso en mi jardín y sus naranjas a punto,
en mi ficus ellevatia, en mi desolación
y los tres relojes de mi casa
ninguno exactamente igual en hora,
estas horas que hoy me llegan limpias
no hay cardos,
no hay inefables
tengo una lágrima que se ocultó en sus imposibles
y ninguna gana de ordenar, esta noche,
las goteras que caen como crucigramas,
porque le resta poco a mayo
y mi paraguas es demasiado femenino
incombativo de aguaceros,
pero he cerrado convenientemente mis ventanas.

Resulta cariñosa la poesía de Beethoven al piano
a veces tengo debilidad por el violoncello,
pero algo de ceremonioso y medular
tiene el teclado que conmueve
y libera. Hoy lo escuché apenas amanecida
y me siento plenamente farfalla
hasta de noche, fugaz, como el amor, como el amor.

Noto mi piel blanca, está helado afuera,
tengo manos suaves
y ojos brillantes
son lindos mis ojos, a veces hierven
como una taza de té con canela,
estoy acostumbrada a que canten
como grillos si es de noche
temerosos, porque a veces, soy frágilmente insegura,
también soy orgullosa
de mis costas,
mis ideas que navegan por ríos valdivianos,
por un pacífico inmenso
y entonces es que me siento infinita
como quien sabe que deja siempre una estela
una huella de espumas
algo así como este chal de menta
que me abraza, me cobija
y soy algo dulce y mujer
mecida en no sé qué mar hacia no sé qué puerto
iluminada
bajo la entonación impiadosa
y a la vez, seductora de tanta lluvia.

Provocaciones VIII


Y a qué hablarle a las sombras
a qué regar con lluvias un bonsai
soñar con un viñedo de besos
o cristales goteados y empañados por el fuego
a qué mirar por entre los grumos de palabras
que apenas descifran al hombre que es poeta
apenas hombre, apenas voz, apenas sombra
a qué buscar lo perdido en lo que pierdo
si es un todo apenas todo presentido.

Puedo detenerme ante esta piedra:
escultura infinita de Eros y sus metamorfosis
con su ella mortal, amada y fuente,
una de tantas a los pies del Santa Lucía,
¡Ah eternos dioses griegos!

Puedo sí pensar en la vocación de piedra
en esa que es profesión de hacer silencios,
pienso en ti poesía
y me dejo ver también en versos
y déjame decirte que siendo mortales
apenas finitudes
cometeríamos un grave error
al callarnos
y no aprovechar este tiempo
sin sueños ni sombras
amándonos.

Provocaciones VII


No sé si hablarle a la luz
o a las sombras de ti, que ella me devuelve,
no sé si finalmente eres sombra sólo
o silueta pendular
perdiéndose
como columpio abandonado en este parque.

No te sé color ni forma real o luminosa
apenas palabra
apenas voz, a veces, diluida e indescifrable
igual a la de aquellos pájaros
ante la invasión de las nubes
que ahora congelan
y descienden frías para habitarme los ojos
para impedirme mirar con los oídos
para impedirlo todo.

Pero podría hablarte de lo que sí sé, de lo que puedo,
que es como decir poemas
sin "te quieros"
para no repetir la disolución de los sonidos
en la bruma,
para no envolverme yo
y ser apenas evaporación de la neblina
para resistir las demoras del sol, hablándole a la luna,
que aún si cae en un gran charco
semejante a un pentagrama,
menguada o nueva,
no teme a ser milagro
para volver canción iluminada en plena noche
como tú
o la luz que eres cuando me nombras.

Provocaciones VI


Difícil describir la neblina:
los manchones coloridos en el parque,
el pasto como pinceladas en fuga
de indóciles metáforas,
vahos tibios de chicos jugando
deformes esta mañana en Providencia.

Presiento esa quietud de postal impresionista:
me atraen las miradas y su distorción de muecas
en la humedad de los troncos,
todo el ocre dispuesto de otoño arrinconado
y yo sola frente a la fuente.

Soy apenas un contorno diluyéndose
como el ángel inmóvil
y su ánfora rota.
Otro
como el de aquella señora más allá de sus carnes
más allá
recogida como montaña junto a una paloma
en la sencillez de su migajas
casi perdida en el gesto.

Hoy apenas soy un trazo caminando entre los árboles
y se me hace difícil siendo niebla
decirte de la bruma en estos días,
del sol cuando escasea
y de la lluvia cuando es superficie o capa borrosa
de tus voces
o esta forma líquida
que va adquiriendo
el no poder oírte en mis esperas.

Provocaciones V


También era la lluvía cuando nací
era el invierno y madrugada
era el hombre caminando la luna
era lo femenino para nombrarme hija
calles como ríos
los sueños de mi padre
y lágrimas eran.

Acaso la vida no era más que eso
una lluvia prolongada
un rumor incitante
haciendo líquidas las horas que no amainan
y éramos simplemente humedades
o lo que dejaban las tormentas
como la Gran Avenida diluviada
el desborde en los canales
o el sol atrapado en medio de los charcos
y su oficio de trazarnos
con su paleta de grises como reflejo.

Acaso era cierta la frase “líquida en la niebla”
y eran fresas y el verde de las manzanas
algún silencio inventado,
algún pliegue de sábanas como párpados
cuando duermen la noche entre luciérnagas
y eran palabras cada gota en los cristales
y eran una voz reconocida
y acaso era ésa tu voz, la que amo todavía.

Provocaciones IV


Van tres días de lluvia y tres mil damnificados
mi Valdivia es barro,
Santiago se anega entre los grises
y el Chaitén escamotea una erupción definitiva.

Así nos andan las cosas,
como ves, no estamos para poesía.
Todo es palabra que duele,
no estamos para metaforear diluvios,
ni "orejear" o "narizear" a lo Rojas con los verbos.

Oye cómo nos amenaza la tormenta,
cómo el viento nos anda sin voluntad de dialogar.
Solos, empecinados,
así están los efectos naturales,
escribiendo su propio verso de origen y dominio.

Ni qué decirte de mis calles,
tampoco sabría hablar de las filas de automóviles
a la hora de las radios
cuando pasar las horas es sinónimo de oír
como se oyen
los discursos de la presidenta,
algún canto pegajoso
o las noticias de Futaleufú.

Porque hay un dictamen de obediencia en todo oír,
que mueve a algo,
entonces no me basta con saber que ahí hay alguien,
un alguien oreja
escuchando.
Resulta que llueve demasiado
y empieza a serme inútil el poema
y que tú seas oreja y sólo eso.

Provocaciones III


Las cosas siguen íntimas su curso
como el gentío de Santiago cuando casi son las siete.
El metro hierve en esta ciudad que se desvela
desbordada a pleno frío.
No es fácil dar con la salida
entre los humos del maní recién tostado,
del smog y los choripanes a cuadras de La Moneda.

La noche ha comenzado su mudanza,
aunque siguen ahí
los que nunca se detienen:
el sin pies a mitad de la escalera,
que no pide a Dios por su dolor ulcerado,
la de las pirinolas luminosas
que gira sus productos al son carismático
de los que saltan
mientras corean salvaciones
a los apurados del Paseo Ahumada.

Ahí el que vocifera un sermón de plástico,
el que oye tocado por el anonimato,
el señor de la chicharra y gorrito de papá noel en pleno mayo,
la de los cd piratas y su saco a punto de la huida
y todos los que se desvanecen como la muchedumbre
y las palabras,
mis palabras que buscan resumirte
el más allá de tantos y tantos bullicios.

Pero me pregunto para qué
y qué si siguen ahí mis azules migratorios
y las campanas
y la gota suspensa en estos rostros
que me observan pasar como ellos
sin detenerme también,
como buscando algo,
como no queriendo decir que sí tienes que ver
con la neblina y la lágrima
con esa sed
y con todo lo que no sabes,
por ejemplo: que transito estas calles
como buscando una voz - la tuya - que se abra paso
y sea tibio rumor en el barullo
y me lleve hasta tus ojos que parecen invierno
cuando son pausa
y son la lluvia
en que sueño quedarme.

Feliz Cumpleaños!

Hoy era día de examen,
los alumnos rezaban su oración de la mañana,
entonces quise cuidar el tiempo,
lo escribí con calma en la pizarra:
miércoles siete de mayo
silencio
e instantáneamente me vi feliz.

Era yo misma un poco loca,
reía detrás de sus tensiones,
para ellos iniciaba grave el día,
para mí, cabía apenas explicar.

... es que hoy es su cumpleaños
de éste,
éste
y éste... -dije-
José Emilio
Christian
y Antonio,
sus rostros de "¿acaso cumplen años
los que ya pasaron las tres décadas?"
semejaban al mío
que embobado se sonríe porque sí
y no se explica,
porque debe sonarles aburrido,
saludar como saludan los adultos,
hablar de cómo enrojecen los otoños
y celebrar a alguien que habitó en la misma luna
algún día
cualquiera de recuerdos.

Sí, incluso decir
¡Feliz Cumpleaños!
y saber que aún es un día distinto
el siete de este calendario.

Provocaciones II





Yo quería hablarte del amor en plena calle
de ése que asalta no sólo a un corazón,
de mi Santiago plagado de "Paz Froimovich"
con sus edificios a créditos
para dividir la soledad.

Pero me quedé en tus versos,
en la mudez de las Magnolias,
las hijas de Miguel, quien ya no canta
y pienso, mujer, en cuántas muertes son otras lunas
que menguaron
sus latidos y sus voces,
como esta mía, que hoy se calla
por no poner ya más tristeza
a tu nostalgia de verdes
y de tierras sembradas de familia.

Y es que vuelves y vuelves y abres
y es como cuando llamábamos verdiazul
a los meses de poemas
y eran sorpresas las palabras,
por eso sólo quiero que tú digas,
no quiero que calles ni una sola
ni una lágrima siquiera.

Pasa, dejemos al tiempo su vacío de arroz,
la congestión de las ciudades
y tanta canción afónica y mercancía.
Yo me callo,
porque vuelves, sé que vuelves
entonces, el silencio será otra foma de palabra
un consuelo ínfimo, quizás,
un abrazarte cuando llores.

De: Provocaciones


Déjame contarte de la vida antes que amanezca
podría simplemente tratarse de unas sombras
- parecidas a las nuestras en estos meses
en que la lluvia nos falta -
Pero resulta que éstas
habitan un mundo de cuatro a seis de la mañana
en las penumbras de Mapocho.

Mientras tú duermes y yo sueño que regresas,
hay los que "venden camiones"
con dos silbidos y una guerra de repollos
- o coles como tú les llamas -.

Don Gonzalito es uno de ellos,
tiene manos grandes y carga como nadie.
A veces, vocea con su cara salpicada de rubor,
aunque la helada caiga a gritos por su bufanda.
Él sabe de sombras claras y otras que no son buenas.

¿Sabías que hay códigos para entender a los ladrones?
Los hay ladrones malos, que no cobran "fianza"
ni distinguen ojos ancianos de empresarios.
Ésos se huelen desde lejos,
entonces vuelan coles gigantes y tomates,
porque ésos no tienen permiso de robar,
ésos se cargan además con sangre,
ésos van en otro turno, porque hay recambio de ladrones.
Y claro, los hay que son ladrones buenos,
que entran "con permiso"
y cobran "fianza legal" a quien más tiene.

Y sucede que ignoro tantas cosas
como estas historias en La Vega
y el motivo de tus luchas
o a dónde van a parar tus insomnios y promesas.

Y sucede que el silencio nos sucede
y quisiera contarte cómo bulle mientras te espero.



(Para Luz Carolina)