Un Munch


¿Que se haga la noche
y se escurra como una sola
en la penumbra
nuestra respiración imaginaria?
¿Y qué cuando las 7:00 a.m.
sean sol y lluvia de hemisferios?
¿acaso importará lo eterno de mi piel y tus manos?

Sé que no obedece el aroma al subjuntivo
ni puede evitarle su fracaso a la flor.
Sólo hay una danza pintada entre paredes,
invisible, insomne,
latente episodio del cuerpo
siempre a punto de librarse
de un cautiverio tenaz.

El alba nos bebe
y seguimos siendo naves de un naufragio
donde el grito es un Munch inmóvil
y deforme.
No miento si te quiero
justo en la mitad de estas olas
con una lengua susurrada y salvaje
capaz de engullir la soledad ondulante con un beso.

Pero el alba nos bebe
y hoy el amor es un puente quebrado
como el sexo.

Paréntesis


Aquél eres tú
y lo demás quizás se agote
en la rosa marchitando la ventana,
en su luz y el olfato impreciso
con que impregna las alcobas.

Éste que aquí eres,
tiene los brazos abiertos y corre sobre la imagen,
acaso ínfimo, - fracción de lo que queda -,
acaso deuda
o reclamación descarada,
pero así transluce el verbo oler
sus soledades
que también traspasan, húmedas,
el verdiazul de mis cortinas.

Por mi parte, no puedo arropar esa humedad
si yo misma he sido agua.
Tú, mar oscuro, yo líquida,
pasando de charcos a lagunas.

(Los cuerpos saben la gravedad en que se hunden,
y aún sin ver ni oír, les queda el tacto, la luz
allá afuera,
sentirla, atravesando los párpados)

Haz que sigan su camino los poemas,
que riegue esta pausa, la flor.

Ojos abiertos a lo Eluard


Si te miro
tendría que detenerme largamente,
porque de hacer lo que me pides,
querría estar allí
permaneciendo
"de pie frente a tus párpados",*
como la Enamorada
-en el poema de Eluard-,
que sabe devorar no sólo besos,
también el mar oscuro,
ése que eres, y que a veces aturde
como la muerte.

Entonces, querría que escribieras
de ojos que son remanso,
retinas que son tibieza
o risas
cuando es un otro esperado
el que reflejan.

Y, sin embargo, le temo tanto a los agostos
con sus primaveras
desgranadas como mi vida,
que apenas soy un tren,
avanzando en despoblado.

Si te miro,
tendría que detenerme
y te aseguro,
que aún si con un trueque de silencios
por chirridos infernales, lo lograra,
estaría dispuesta,
si supiera cómo hacerlo.