Reconociéndose




I

Intento el alumbramiento
pero me traga la noche en su rugido
y aún así es plácido este aire, y tan solo.


II

No importa si es perfecta la luna
o si apenas soy yo en el ladrido

Un instinto tuyo
se ha ido acumulando aquí en mi vientre
como pulso invisible
que me hace bella, tan bella


III

Y ahora es otra voz que me define
que vibra desde lejos
como sed insolente
de fiera siempre al borde
que me incita
y me doblega.

Quizás esa especie de barbarie
en tu mirada

quizás esa ternura indómita
que nombra
que es rugido y llaga de tus manos

el caso es que intento nacerme
y necesito tu lengua
como beso hambriento
ahora que estoy rota y no seré más loba
después de estos poemas.

Aún no es tiempo



Me indaga
respira tras de mí
la presa
que me ronda, sensible
olfatea el gemido.

Sigue el alumbramiento
de este corazón
todavía caliente tras el tajo.

Yo sé que no es el tiempo
hay la mueca,
hay la herida y el puñal
hay sangre descendiendo
pero hay también la lágrima
y mordaza.

Aún no es tiempo - dicen -
la custodio mientras
fornican lejos
las nómades.

Libre caeré sobre su noche
cuando me sacuda
de ésta que no termina
de asesinarme.

Hueco en la Palabra




He debido ahuecar esta palabra
como un asombro
que me repta ardiente
y desespera

y es maraña o pelaje tupido
que incita a garras a uña
a dientes
-a punta de insondables-
a agrietarse toda
latido o tierra
profunda
oscilación
de humedad tras humedad
de napas tan ocultas tan
que me atraviesan.

Y voy hecha tajo
transgrediéndome
mujer en el aullido.

Murmuración toda
huella tu lengua
temblor y estampida, quiero
en el hueso del hueso
y mi lengua
encabritada
y lamido
en la cavidad roja
donde perecer grito y fiera.