Septiembre


De este lado septiembre es cordillera
deslizándose como un capricho
que logra percutir colores en el aire
con puñados de volantines
y las típicas banderitas del dieciocho.

Es difícil no fijarse en cómo aclara la gente
y las avenidas que hasta parecieran ensancharse
como brazos alborotados por la luz.

Es automático el cambio de hora,
las fachadas poseídas por enredaderas
y el polen ionizando las branquias
hasta la fatiga de la tarde.

Yo me renazco septiembre con su aliterada canícula
y el sudoroso canto próximo al Mapocho.
Ahí es que soy entre voz de Vega y San Cristóbal
y me coinciden lo humano y lo inevitable
como comprar chirimoyas, helar el mote con huesillos
o desechar la idea de suicidarme.

Tal vez sea pura ingenuidad este mes noveno en parto
como que florezca sol adentro de las gotas
que olvidó el invierno
y todo esté femeninamente predispuesto para otro inicio.

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