Sabe de mí esta geografía
de grietas y escritura desgarrada sobre el musgo
Sabe de las repetidas veces
en que me dejé caer
respiración y corteza y roca de agua
desbaratándose
Porque hay vértigo en lo tristemente inevitable
hay memoria que arrasa
y precipita el corazón al grito
como esos paisajes
que me ausentan
y me llevan de espaldas al norte
cargada de tantas y tan distintas muertes
He ahí que los brazos extendidos
también se rinden
y son apenas resonancia y viento.
A veces diluyéndose
rugido en el salto,
hondura y surco de este dolor
que habrá de gravitar
líquido túnel
donde hacen cauce
cada oscuridad
en su apariencia de silencio.