Todavía






Todavía fuera piedra
o un mínimo de solidez
para estas manos
que no han memorizado.
              
Un signo, un despegue
aunque perezca en el lejos de la huella
que hoy cambió y que desconoce
al rostro y su mar allá en los ojos, escondido.

Un algo que atrape el todavía,
como si fuera el resto de todo lo que queda
entre la nada y el intento.

Y entonces cuestión de perspectiva
fuera querer hoy 
lo mismo que ayer se odiara.

Recobrando la voz



El cielo del norte puede desprenderse como roca árida
y arañar el bronquio hasta la tos,
puede agrietar la piel con su noche de nada y desierto
y ahogar la voz en un rocío siempre en despedida
como niebla mezquina
en medio del pecho quebrado por la sed.

Sus nubes son violentas formas
que ya no tienen traducción
para mi respiración cansada
de intentar tocarlas en el arrebato del viento.

Aunque este cielo de Santiago tampoco es inocente
en su crueldad que se hace diminuta leve y negra
como los ataúdes de Celan donde vamos a caber todos en el aire.

Intento un verso donde el silencio se siembre
y crezca verde con el frescor de mi sur
lloviendo en la garganta para que no duela
allí en mi centro de donde vienen las palabras
que nacieron muertas.



Fotografía



A dónde este mundo cuadrado
con sus ventanas brillantes,
pequeñito, como de caja de cartón
para guardar el tiempo
de trece por dieciocho
de mis septiembres en sepia.

A dónde las otras,
las que no fueron fotografía
ni superficie de espejo
ni eco de entrañas inaugurándose
para albergar la lumbre.

A dónde es que voy siempre
vértice de algo
harina o polen del instante de pan
que no es masa ni mitad
o sueño
donde ser sonrisa detenida.

Y más ahora, a dónde
estas manos sujetadas
estos ojos que se apagan, esta boca
esta sed de lluvia
y estos pies tan lejos de Valdivia
y este beso y este beso...

que es un aquí partido,
geografía de álbum
y mordaza y hambre
de algún a dónde que no sea
el oír en esta caja
cómo cae arrugado,
el universo.

A nombre de su nombre


Una vez que lo escriba
cómo no habituarme a su nombre maduro
que viene a ser presencia
en este país de cigüeñas
donde antes sólo hicieron nido
imaginarias golontrinas
y tristezas ferroviarias.

Cómo no entrañar su calidez
pronunciada en este frío Santiago
con neblina tan láctea
amordazándome
tan él aprisionando del labio al pecho
y desde el ahogo a la curva en la palabra
que no cesa
y se dice hasta que los ojos dejan de ser ojos
y presagian la vida desde la vida
hasta adentro de los cuerpos.

Cómo no escribirlo
mientras lo voy respirando
en las cosas más deliberadas
y exquisitamente reales
de la casa y estas calles que me palpan
como si les debiera explicación
por las sonrisas
que van haciéndome olvidar
tanto gris de invierno y sismo
sobre mi boca.

Grabado


Hay un manzano en flor detrás del tiempo
un tiempo azaharino en lo tibio de tu boca
casi siempre
con forma de vasija, recipiente
y sensible como cuña de lengua temprana
que sabe pronunciar los sabores de la fruta
y grabarse en el labio

- así la humedad de la piedra -.

Detendría el paso de las sombras
para que permaneciera el cielo
con su cota de luces
que bien podrías encontrar en mis ojos
si ya sabes el idioma de los tristes.

Pero hoy
deja que yo te mire
y sea la tregua íntima de la lejanía
en esta oscuridad que nos traspasa.

¿Acaso no es igual para los dos
la sed de vertiente?

Deja que te mire y brille mi labial
por un momento
que palpe en tu pecho el calor que añoro
y mi seno oculto sea intuición de luna perfecta.

Destino de los hierros


Un vaso de café comulgan las manos
y un silencio en la estación
vierte el frío de viejo transeúnte,
allí nos derrama la tristeza
su ardor de alma vagabunda.

En torno, las direcciones son ruidosas,
aceleran la inmigrancia
de idioma y bultos
- que son oscuros como los ojos -
para no estorbar.

La noche oculta abrazos,
el billete traducido en un sollozo,
y las espaldas son maletas
cargando una nueva despedida.

Viajantes
con el sueño que prospera destino de los hierros.
Cuando una turba de humo se aproxima
el aroma del café hierve y se mezcla,
el adios sopla como un vapor
y nos bebemos
el último recuerdo.

De acero


En marcha mínima, aún difusa,
soy desplazamiento
y atrás van quedando los pasajes
de pájaros picoteándose las plumas.

Como imagen arenosa y dolorida,
transcurro
llena de episodios o estaciones
que no se alcanzan a juntar.

No quiero volver a detenerme,
y cada vez
soy más tren acorazado,

¿dónde irán a romper
en llanto los aceros?

Mañanas


Las mañanas aparentan los equilibrios más exactos allá afuera.
Podría decirse que todo es especular contigo. Blanquísimas paredes dispuestas a leerse con tus mil libros ahí a la mano, como una danza justo cuando las cortinas develan la proximidad de nubes rociadas y solares.

Entonces estirar el brazo y sentirte - porque siempre estás cerca - respondiendo, niñez, soledad y reciedumbre en tu voz, igualmente exacta a aquellas que despiden los amaneceres portadores de incógnitas.

Todo es intencional: el suelo tibio, la música y el jazz melodioso que pareciera transfigurar los pasos del gato hasta armonizarlo con los instantes del jugo de naranjas, del abrir ventanas, del respirar el día entrándonos hasta la saciedad.

Incluso el silencio es intencional, porque siempre dibuja imágenes perdidas.

Es así como reaparecen bajo el brillo de esta ceremonia, sonrisas, tedio, el verso de Blanca: "¡Cómo brillan al sol los hijos no nacidos!" y todo lo que el resto del día habría de adherirle: padres, amigos, familias enteras no nacidas para que todo brille como huella confusa en la adivinatoria procesión de otra mañana, que atisbamos lejana a aquéllas, de cuando todo nos sonreía.

Sintonía de la distancia II



Las ciudades aquí se caen
y los escombros forman laberintos
que dejan atrapados
el sueño y los miedos.
Algunos hacen como que se levantan
y retiran su pesadilla como un derrumbe,
pero siguen dormidos
porque es más sencillo que ver despiertos
la distancia hasta reconstruirse.

Yo también hago como que camino
y voy de pie sacudiéndome los años
y los restos con sus escasos comienzos,
por eso no me sirve estar cifrada
como un nombre
que el silencio fractura
hasta volverlo pedacitos
que después se olvidan en una esquina.

Te quiero aquí desnudo como un abrazo
que irriga de lluvias y de mis pájaros del sur
este gris que salgo a caminar
como si nada.
Te quiero a ti,
desnudo de versos
con la complejidad de mirar a la frontera
y del no saber si estar o no
como si nada, pero conmigo.

Y te quiero aquí para recorrer
no las huellas que dejó la poesía
ni las antiguas nostalgias
ni las tristes metáforas,
sino este sismo del que sobrevivo
con mis calles oscuras
con mis manos y el rostro a solas
con esta sintonía que me levanta en serio
cuando enciendes para mí
toda una ciudad.

Réplica


Todo se viene abajo en dos minutos
como si fuera sólo piel avejentada de pronto
cayéndose
como lugares hechos de cascarita
cayéndose
los veranos con sus costas
y los queridos nombres
cayéndose
como si cada instante de lo que fuimos

es instante cayéndose
en medio de las grietas de lo que ahora somos.

No me agobian las pérdidas
sino la desnudez que fragiliza
y me sacude como a estos versos desmoronados
que nunca más serán torres
ni escudos o espejismos de la otra yo
cayéndose.

Y aunque ya voy de pie
soy más yo, vertical bajo la lágrima
arrasada también
sin presumir los tú o los yo
cayéndose
narrados o en metáforas
ni en retratos que apenas caben en la boca
de heridos como vamos
cuando todo se viene al suelo
y sólo quedan nuestros ojos
con un rostro
cayéndose
a mitad de la pregunta

¿Que acaso ya la vida
no está suficientemente rota?

Terremoto - Mi sur herido (27/02/2010)




Yo creo más que nunca en el abrazo
que sostiene el minuto treinta y seis
después de la hora tres que se desploma.
Creo en ese gesto único
que salva al vecino y al hermano
de ser sólo vecino y hermano
en el recuerdo.

Cuando mi sur está roto
y el alma apenas puede distinguir entre el miedo
el dolor o la vergüenza
estar en pie es lo que queda
es otra forma de estar resucitado
de no preguntar si la muerte es selectiva
o si debía remecernos
la tierra para descubrir que hay màs veredas
que nunca visitamos.

Reina



"todas íbamos a ser reinas,
de cuatro reinos sobre el mar" (Gabriela Mistral)


Yo no iba a ser reina como Lucila
ni voy camino a mares verdes
con árboles de pan y de azafranes.

Planto aquí la mirada y me empino
en pies de barro
tan lejos de las cien montañas, tan
como ajena de reinos
que no sean ruido y luces
de la ciudad en mí, terrosa y solitaria.

Yo no iba a cantar sobre los valles
ni voy soñando reyes con cultivos de sombras
y oficio de silencios.

Hoy vengo de creer en los balcones
con tu luna pintada de Gaudí
y círculos abiertos
como estrellas de agua mineral
en noches oceánicas hablándonos
-tan imprecindible la boca-
sin que se dislocaran los besos
e inocencias
ni el abrazo de este territorio
que es mi cuerpo perdido.

Pero hoy no me conforma ser segunda
ni la espera a mitad de palabra
ni tu mirada como cereal
cuando son nata mis pechos
porque me quiero única
mujer, no sólo loba
celosa
soberana
de toda arena donde se queman mis pasos.

Solange cuando soy en tu lengua
y de pronto
como si emigráramos.

Rapto





Me pregunto a dónde huir
para que no me alcance mi sangre
con su carcajada masoquista cada mes,
dónde, que me esconda de mí
sin que pueda torturarme el tiempo
y la hora impar que no conozco
y la promesa de espigas madurando.

A salvo de mí, de mi simpleza
y del miedo voraz a las ausencias de pálpito
y de vientre,
lo suficientemente oculta
para no parir palabras tristes
que ya tiene bastante el mundo
y sin embargo,
que una mano me encuentre
que tus ojos se atrevan a mi egoísmo
y aún así, que me derroten
hasta que no quede nada
ya nada de la que fui.


Silencio roto



¿Y si escribir no cuenta,
porque el mundo es un bloque de palabras
que limitan
apenas con las mías, apostillas de un silencio?

Escribir es tal como tú dices y a veces
también este agujero
que pronuncia tan mal la noche a solas
y tan gramatical las decepciones
que hasta el verso es otra línea
en la expresión perdida de mi cara.

No sé escribir para que esta voz describa
lo que oculta
ni menos sé acercarme siquiera a su gatillo
sólo sé que dispara
cada vez que me he rendido de mí misma.

Vasija




Cabría buscar un nombre a este ser cosa
y disolución,
al cerrar de tus ojos
y esa indefinible forma de quedarte, yo, grabada
como en las vasijas, que de todos modos,
trizarán su fragilidad de destino gastado
en el espesor de su tiempo.

Cabría reescribir tibieza en lo sensible
heredad de los genes y esa súbita emoción
de ser sabor que es recuerdo o sombra
y, sólo a ratos,
permanencia de cielo con su cota de luces
que bien podría decir por mí
el mensaje desprevenido,
pero que teme mi vientre
resquebrajándose.

Cabría tan sólo la palabra
con su eco de barro esculpido en la caricia.
Y sin embargo, es justo ese fondo de gravidez
en que se refugia el silencio
donde comienzo a ser de nuevo algo
de un algo parturiento que quiere pronunciarme.

Oleajes





Te reconozco aún en lo mío
en estas cosas dos años más gastadas
más solas sin los significados
que se quebraban en tu boca
cuando era tan fácil darle vida a la ciudad
y habitarla de besos.

Hoy me hallas otra vez prisionera de tu risa
servida en esta copa
con algo de cerveza lager y mar burbujeante de recuentos
embriagados minuciosamente
de uno en uno
como se suele hacer con los nombres
que se declaran en los para siempre
de los buenos momentos.

Si supieras...
- y a veces creo que lo sabes -
lo que son estas calles para la memoria
o las nubes con forma de letra arañando las respuestas
o la palabra que soy bajo tus párpados.

Por eso no es extraño que vuelvas
como oleaje fresco a ser presente
y te recites en un nuevo pacto
insistiendo que tú eres el olvidable y no yo,
pero no es solo  cuestión de cerrar los ojos
e intentarlo.
Lo sabes,
no se quieren olvidos 
cuando halla su refugio, el amor
en la reiteración de la mirada

Septiembre


De este lado septiembre es cordillera
deslizándose como un capricho
que logra percutir colores en el aire
con puñados de volantines
y las típicas banderitas del dieciocho.

Es difícil no fijarse en cómo aclara la gente
y las avenidas que hasta parecieran ensancharse
como brazos alborotados por la luz.

Es automático el cambio de hora,
las fachadas poseídas por enredaderas
y el polen ionizando las branquias
hasta la fatiga de la tarde.

Yo me renazco septiembre con su aliterada canícula
y el sudoroso canto próximo al Mapocho.
Ahí es que soy entre voz de Vega y San Cristóbal
y me coinciden lo humano y lo inevitable
como comprar chirimoyas, helar el mote con huesillos
o desechar la idea de suicidarme.

Tal vez sea pura ingenuidad este mes noveno en parto
como que florezca sol adentro de las gotas
que olvidó el invierno
y todo esté femeninamente predispuesto para otro inicio.

Replegada




Sé de mi condición de agua
y de verbo él,
tan desprendidamente
oleaje
y estallido
de vocales a punto de parirse
para afirmar la noche...

pero
no puedo replegarme a mis entrañas
cuando
el aire de su olor
es un augurio
en que voy a perderme.

No aprendí todavía
de las distancias
ni aún de las heridas de lujuria
con que anegan

y es que humedece
su perfume
y salpica redondo como acústica
de una cascada tibia que va a cubrirme.

Soy de mí inevitable
por eso, la ira es conmigo
-ya no diré de él y de cómo duele-
también me deja llagas el sostén
y me acosa el aroma de la tarde
cuando se mezcla el sur de pino y río.

Que él es un desborde
y yo apenas cauce
no me alcanza, aún como pretexto.

Estos silencios




"el dolor es una maravillosa cerradura",
Blanca Varela



Le temo a mis voces cuando este silencio abunda,
cuando oigo a los pájaros y sé que sólo un eco
astillará los próximos segundos,
las horas se encorvarán
como una brizna oscura y envejecida
hasta cerrarse.

Detrás, quedaré, rostro de agua en un rincón,
transparencia silvestre
de estos ojos que se mirarán espaciales
- porque sé que ahí germinará
esa parte lejana,
que es mía, de mi tristeza
que huele, a veces, a violetas
y liturgias
o a vacíos
cuando la memoria es una asfixia
y las costas se alejan de repente
y el océano es sólo olor salobre que amuralla -
y querré, como quiero ahora,
el arrullo de una lluvia fina
que sólo ella me oiga sollozar
mientras me oculta.

Tal vez, mi nombre es un acorde del silencio,
tal vez, así es como este silencio me dirá algo,
pero yo le temo, y a sus colores
que gestan primaveras
y luego callan grises
como si voces oxidadas.

¿Entonces, me pregunto:
cuántos grises me hablarán antes que otro rayo,
luminoso azul en su infinito
sea pupila en la mía
para navegar a mar abierto
juntos y con los que ya se han ido? *

Reconociéndose




I

Intento el alumbramiento
pero me traga la noche en su rugido
y aún así es plácido este aire, y tan solo.


II

No importa si es perfecta la luna
o si apenas soy yo en el ladrido

Un instinto tuyo
se ha ido acumulando aquí en mi vientre
como pulso invisible
que me hace bella, tan bella


III

Y ahora es otra voz que me define
que vibra desde lejos
como sed insolente
de fiera siempre al borde
que me incita
y me doblega.

Quizás esa especie de barbarie
en tu mirada

quizás esa ternura indómita
que nombra
que es rugido y llaga de tus manos

el caso es que intento nacerme
y necesito tu lengua
como beso hambriento
ahora que estoy rota y no seré más loba
después de estos poemas.

Aún no es tiempo



Me indaga
respira tras de mí
la presa
que me ronda, sensible
olfatea el gemido.

Sigue el alumbramiento
de este corazón
todavía caliente tras el tajo.

Yo sé que no es el tiempo
hay la mueca,
hay la herida y el puñal
hay sangre descendiendo
pero hay también la lágrima
y mordaza.

Aún no es tiempo - dicen -
la custodio mientras
fornican lejos
las nómades.

Libre caeré sobre su noche
cuando me sacuda
de ésta que no termina
de asesinarme.

Hueco en la Palabra




He debido ahuecar esta palabra
como un asombro
que me repta ardiente
y desespera

y es maraña o pelaje tupido
que incita a garras a uña
a dientes
-a punta de insondables-
a agrietarse toda
latido o tierra
profunda
oscilación
de humedad tras humedad
de napas tan ocultas tan
que me atraviesan.

Y voy hecha tajo
transgrediéndome
mujer en el aullido.

Murmuración toda
huella tu lengua
temblor y estampida, quiero
en el hueso del hueso
y mi lengua
encabritada
y lamido
en la cavidad roja
donde perecer grito y fiera.

Ajena



Ajena


Arriba la luna en un zumbido
cómplice de esta ruta que me desnuda,
va girando como letras
que se escapan hasta las sombras.

No sé de ésta que soy, ajena,
crepitante de piel
en alguna hoguera de gotas de vino o fuego.
Ni del hechizo de la tarde naranja
con sus nubes pintadas
en papeles que llevan lo que me queda.

Apenas sé de la perfección de la lluvia
de la tímida amarillez de los aromos
y de los milagros comunes de cada día.

Tan secreta de mí,
la sospecho celosa, frágil
perdida entre parajes doblados en una servilleta
que no se abre
y sólo a veces se extiende
súbita
sobre una mesa o alfombra o cama
de algún lugar
tan secreto también
que no me toca.

Tan olvidada de mí,
no me extraña pasar con los ojos cerrados
para no ver tus gestos en ella
de luz felina
o antorcha latiendo triste,
aunque semeje a lo que tú llamas quietud
o a lo que yo quisiera llamar amor.


* Un poema viejito 2006

Gran Surco


Sabe de mí esta geografía
de grietas y escritura desgarrada sobre el musgo

Sabe de las repetidas veces
en que me dejé caer
respiración y corteza y roca de agua
desbaratándose

Porque hay vértigo en lo tristemente inevitable
hay memoria que arrasa
y precipita el corazón al grito
como esos paisajes
que me ausentan
y me llevan de espaldas al norte
cargada de tantas y tan distintas muertes

Y he ahí que los brazos extendidos
también se rinden
y son apenas resonancia y viento
y, a veces, relieves allá afuera
rugido en el salto
que habrá de gravitar
como superficie en algún océano
de silencio implacable

Debí quedarme Huilo Huilo



No tienen destino de lluvia las palabras
no mi lluvia y mi cielo de febrero
no este puente que han erosionado
ni mis árboles de sur
más al sur de las verdades

Otras
de otras será su blanco escrito
su nube remitiendo a brisas
a tardes de verano
y caricias de duraznos
sobre la piel descubierta

Debí quedarme viento
en la montaña
debí quedarme aire alto
entre los saltos de agua
en Huilo-huilo
y así ser lluvia real
y sur
y lágrima infinita
que nadie viera en el disturbio de los siglos
y su celo
por los nombres en silencio
o por llamar a las acacias
cuando podríamos hablar de tantas arboledas.


*Foto: Salto del Huilo-Huilo, IX región, Chile. Febrero de 2009
* Huilo: palabra del mapudungun = grieta o surco/ huilo-huilo, en plural= gran surco.

Signo de Aire








.


Hay despedida revelándose

imprudente
de camino a las afueras.

Hay mejillas aferrándose a la calma
de este aparentarnos
cuando el tronar del aeropuerto
es un pasillo interminable
de accesos con sus números
y gestos que se fijan, y maletas
mientras las manos se preguntan
por los hasta cuándo
de los besos.

Entonces será todo lo que había
en este cielo dividido.

Y serán tus palabras un modo de no sufrir
el eco de los metros cuadrados
y las calles donde me pierdo.

Entonces habrá lo que había de tus brazos
con su calidez avivando la memoria
y este refugiarse en tus espaldas
hasta que regreses. 

Volver a la Luz

1.

Vuelvo a la luz

de pronto

al ejercicio del sueño dentro de la vida
al imposible vivir
sin haber imaginado

aferrada al cuerpo
me desnudo

por un lapso breve
entre noche y alba
-que es verdad de luna
en su creciente-
hallo aroma y embriaguez

y como si fuera toda biografía
atiborrada de destinos
que se encienden

soy yo misma el despertar de su lumbre.


2.

Un rostro espera

es un ovillo desmadejándose
de sonrisa tendida como hebra
al final de la historia

es oscuridad
remotísima en desvanecimiento

mientras el sol
instala su tienda
en otra isla

hasta donde regreso.


3.

Me gusta esta condición de tierra
y agua desolada
marcando mis solsticios

a solas se nutre la mirada
de objetos

cotidianos
pequeños

que iluminan el lento reflejar
del hombre
en todo aquello
en que se gasta.


4.

Esta que soy debe partirse
en pedacitos

nada es contradictorio ahora

a mi edad
la plenitud escasea

pero es armonía
toda esa gama de milagros

repartida
entre la que escribe y la que vive

estos poemas.


5.

Hay algo de juego en todo lo que fluye
naturalmente
como a escondidas en lo simple

ahí la gota que no se oyó caer

o acá el equilibrio de la luz
en el instante preciso
en que dejándose expandir
divide mi sombra en dos

como un par de negativos
listos a disputarse
mi próximo paso.


6.

¿Sabías que luz se emparenta con 'leukos'
del griego blanco?

en efecto,
brillantez
de un espacio que mantiene la pureza
en la nada impecable
de su vacío

¿será que vuelvo
a la sólida perfección
de estar a solas

tan

que ni siquiera
estoy conmigo?


7.

Tan pequeña insignificancia
la espina sobre la mano

rígida hiere
mientras más se infecta
su clavada

hay que sacarla a la luz
hay que sacarla hasta la lágrima

que se pose inofensiva

con pulgar e índice
elevarla

y soplar.


8.

Hay tibieza en cierta luz que puebla

que habita soledades
cuando son purificación
cálido mirar
y un permitirse

cuando son el guiñarle al brillo
que somos
y que siempre regresa
a los ojos de quien - amando -

ha llorado.


9.

La respiración es un animal
a veces

abrasante y enjaulado

que a la menor caricia
gime

suspira hondo
y repite su bufido
ahora doméstico

ante la intimidación insistente de la luna.


10.

Hay un blanco que es blanco
de su coraza

cal humedecida acertándole
a la luz con el destrozo de una estrella

hay manos y boca rota
pero hay la voz abierta como un cielo

y pies descalzos
o huellas de niño
en la arena que también es blanca
como la ternura indecible
de un castillo desmoronado


11.

Encandilarse
y que el exceso de luz nos predisponga

a sonreír
a lo que visualizamos
de la sombra

hasta extraviar los ojos
la pupila y su desembocadura
y perder el tacto

como quien se abrasa
de tanto mirar
destellos
en braile.


12.

Luces
ideas sobre mí
que desconozco

abro puertas
por las que se disgregan pieles
formas de ser
en busca de un centro

soy esto que sé
y todo lo que aún voy descubriendo


13.

Una mano es luz
cuando cae caricia en el hombro

y extiende su donación
extrema
alrecibir

Aquí está la mía
tómala
es un vuelo

palabras
que quieren tocar
la fragilidad de las oscuridades.


14.

Cruza un significado hasta su nombre
hay química de letras
en el trayecto

una voz dibujando la parábola
y todo el esplendor
de la sonrisa bajo su arco

dos comunicantes
y brillo en la mirada

no hace falta carne o verbo

Amanecer

Ha rasgado la noche su vestido
dos a solas
y ya nada que los cubra.


15.

Suficiente luz
el pan
el tren
y las rodillas

Soy ese balbucear
a veces
que apenas nutre la espera
en un profundo
ruego.


16.

De colores
cuando enfrentado al sol
el vidrio refracta sus partículas
así yo
cuando expuesta la verdad
un amigo me acontece

Hoy





Detenerse un día como hoy
y quedarse en la presencia:
una sombra que prevaleció sobre los besos.

Es la movilidad infinita
bajo la monotonía de un rostro.

A veces, también extraño los parques
y su impronta de vida otorgada
por el encuentro.

A veces, camino hacia los prunos
y su colorido febril me atardece
y entonces sucede que no puedo volver al deseo,
pero nada que lo defina es olvido
ni gestos por considerar,
porque hay algo de aire y abismo
entre esa pasión crecida como árboles
y este ramaje
que hoy apenas acaricia.

Contra todo pronóstico, te cito,
porque aquí, inclasificables
las imágenes no se detienen,
hay actividad
aún en dos almas acurrucadas bajo los años.

Tristeza Ferroviaria

"y ese gris
voraz e indescriptible
preciso necesario
no obsoleto
pesado y absoluto y sine qua non." HAmal



Es demasiado a prisa que se adhieren las nubes
como rescoldos
al cielo empantanado
antes de la lluvia.

Esta imagen se parece a la mirada
vaivén o arrebato
de paisajes que arrastran años
detrás de los recuerdos.

Los ojos lloran como búhos
queriendo dormir silencios
de amores descalzos
que no quedan
y así estamos
como un rostro pegado a la ventana
humedecida.

Me persigue el recorrido del adiós
como si volteara a la izquierda
y toda la vida se diera la vuelta
para volver a empezar.

Los viajantes

Un libro de poesía del "Novecento"
frente "Al corriere della sera" :
sería el trayecto acompasado a la Toscana.
Un silencio rectangular de ella y de él
como destino para las próximas seis horas.

Pero no hizo falta formalizarse desconocidos
un sol tibio se desprendió de su boca
y las páginas cayeron
curiosas ante el sedante de noticias cercanas.

Ella intuyó en su idioma la propia sangre
entonces sacó de su bolso palabras
que él podía ordenar como risas sobre un mapa
hasta deshacerlas eco
de ventanillas que ambos abrieron
como dos pares de ojos
cambiando de rumbo.

Pregunta

¿A dónde van a morir las despedidas
cuando avanza el tren
y es interminable
esta vía que no ceso de mirar
hasta un punto de lágrima rota
que me cierra los ojos?

Me conoce

Porque la vida no es precisamente
un refugio en la colina
la prefiero valle
-palabra a la intemperie -
así me dejo conjugar con los presentes
por el hombre que lleva las alas blancas de mi sombrero.

Van tan rápido los días
los ojos apenas detienen su tacto en lo que anhelan,
así va el hombre que me ve camino bajo el sol.

Ha descubierto en mi rostro, humores
le concede espacio a la soledad, porque la conoce
y se lleva cada tanto la mano a la cabeza
porque no siempre alcanza a traducirme
ni traza las huellas en la ventana
mientras la lluvia lo empaña todo
como a mí en esta distancia.

Por eso, precisamente
no quiero de sus manos el refugio en la colina,
no quiero la ficción de sus miradas
ni lo quiero cuenco de mis lágrimas,
porque así desacorazado,
como hacen los poetas cuando desnudan las palabras
me tiene libre, sostenidamente perdida
y hasta puede quererme
vulnerable
como al amor.

Compañía

Hablo de mí
de las huidas y el ajetreo de trenes
que me esconde
como si un silencio ocultara las formas
y la visión.
Hablo de las puertas que aparecen,
del ángel rezagado
que arriba siendo pan
cuando se cree mendigo al corazón
y la noche una extraña pordiosera.

Se trata de la inconsistencia de los lugares
cuando se sabe mentira un horizonte:
cuando no se distingue
lo que está o no presente
cuando irme no lleva a parte alguna.
Se trata de esta mente inhábil
tan separada de mí,
de este cuerpo que toca, que es manos y pies
de Santiago en Chile
y a veces marca un calendario antiguo
y otras, desconocido.

Y hablo de él,
puedo sentirlo,
es ángel desde ningún lugar,
el más bello viene hacia mí,
ya no lo esperaba, es cierto,
llega tarde quizás,
pero es tal su compañía
que hoy estoy
luminosamente guardada
en no sé exactamente dónde.

Pasajeros

Aquí las horas se terminan
son aullido de balizas antes de morir,
dicen de lugares y conjeturas pasadas,
pronuncian adioses
y nombres extranjeros,
pasan
y la gente también pasa
en direcciones cargadas de algún valor
relativo
como una mujer que espera en la estación
y halla un sombrero blanco interpuesto entre ella
y un hombre pasajero.

A veces soy ella,
el hombre pasajero me acompaña
es gentil,
una sonrisa suya me mira
sabiendo que he perdido mis horas,
con cariño desarena un reloj nuevo para mí.
Sé que es capaz de llenarlo de besos,
y cuando la hora tiene que morir
otra vez
yo ya no quiero más besos, pero lo dejo.
A veces, un tremolar de vapores
a intervalos silba y nos distrae.

Presiento que tomará mi sombrero
entonces cierro los ojos
y sé que nada ocultará esta tristeza
cuando estemos situados cada uno,
solos
en medio de otros rostros
y sus recuerdos
que también son pasajeros.

Como hija de un tren

"¿Por qué no lloras si es abril?"


Como hija del tren
me miran huir lejana
y me quedo, pero yéndome
en lo inmóvil de los durmientes,
en los techos que forman olas frente a la playa
en esas bellas cosas
que no son precisamente la quietud de una tristeza
pero como si hablaran
cuando son puertas y ángel rezagados
tan movibles como yo en la superficie
latido incómodo
tan los miedos
adentro
y su contraste de sombra cuando quieren ser luz.

No sé cuando es pregunta
o ruego
la voz de un peregrino
para el que gruñen
mis días como noticias de sol cansado
o si es sonrisa muda
esta mueca ferroviaria
que también corre permaneciendo
como yo ahora
un poco cada vez
que me las arreglo
para que alumbre el corazón
a pesar de abril
y la lluvia que no lloro.

Que la vida es un trayecto
y yo insistiendo en que se queden
reflejo y mirada
instante y recuerdo amado
que se instale de una vez
luna o astro
y sea un cielo bellísimo
el que me ronde
y que nos fuera el tiempo
a un mismo tiempo para todos
pero distingo apenas el rostro que viene
del que se va.

A veces, la vida es abril en un relato
un susurro lluvioso
que no huye
y sin embargo
desciende hilera en el cristal.

Sommerso


Una luz se desprende de este viento
espléndida cae en su destello
de susurro dactilar
desde la nuca.
Cae
en su furor de escrito tibio
y simultáneo hasta mis pies.

Me estoy buscando en ti
y desaparezco.
Allá arriba, tú no podrás mirarme
porque me sé descendiendo
un poco cada vez
que el frío
se planta en mi costado.

Por eso, harán falta
muchos más "quisiera" con sus versos
y una espera más devota de mi vientre
para que bese el tuyo
estremecido
ahí donde es ínfimo el espacio
en que han ido a perderse
la muerte de los trenes, la niebla
y la espesura dulce del acero
- como yo, arcón 'sommerso' -
en el fondo de todas las sonrisas.

Un Munch


¿Que se haga la noche
y se escurra como una sola
en la penumbra
nuestra respiración imaginaria?
¿Y qué cuando las 7:00 a.m.
sean sol y lluvia de hemisferios?
¿acaso importará lo eterno de mi piel y tus manos?

Sé que no obedece el aroma al subjuntivo
ni puede evitarle su fracaso a la flor.
Sólo hay una danza pintada entre paredes,
invisible, insomne,
latente episodio del cuerpo
siempre a punto de librarse
de un cautiverio tenaz.

El alba nos bebe
y seguimos siendo naves de un naufragio
donde el grito es un Munch inmóvil
y deforme.
No miento si te quiero
justo en la mitad de estas olas
con una lengua susurrada y salvaje
capaz de engullir la soledad ondulante con un beso.

Pero el alba nos bebe
y hoy el amor es un puente quebrado
como el sexo.

Paréntesis


Aquél eres tú
y lo demás quizás se agote
en la rosa marchitando la ventana,
en su luz y el olfato impreciso
con que impregna las alcobas.

Éste que aquí eres,
tiene los brazos abiertos y corre sobre la imagen,
acaso ínfimo, - fracción de lo que queda -,
acaso deuda
o reclamación descarada,
pero así transluce el verbo oler
sus soledades
que también traspasan, húmedas,
el verdiazul de mis cortinas.

Por mi parte, no puedo arropar esa humedad
si yo misma he sido agua.
Tú, mar oscuro, yo líquida,
pasando de charcos a lagunas.

(Los cuerpos saben la gravedad en que se hunden,
y aún sin ver ni oír, les queda el tacto, la luz
allá afuera,
sentirla, atravesando los párpados)

Haz que sigan su camino los poemas,
que riegue esta pausa, la flor.

Ojos abiertos a lo Eluard


Si te miro
tendría que detenerme largamente,
porque de hacer lo que me pides,
querría estar allí
permaneciendo
"de pie frente a tus párpados",*
como la Enamorada
-en el poema de Eluard-,
que sabe devorar no sólo besos,
también el mar oscuro,
ése que eres, y que a veces aturde
como la muerte.

Entonces, querría que escribieras
de ojos que son remanso,
retinas que son tibieza
o risas
cuando es un otro esperado
el que reflejan.

Y, sin embargo, le temo tanto a los agostos
con sus primaveras
desgranadas como mi vida,
que apenas soy un tren,
avanzando en despoblado.

Si te miro,
tendría que detenerme
y te aseguro,
que aún si con un trueque de silencios
por chirridos infernales, lo lograra,
estaría dispuesta,
si supiera cómo hacerlo.

Algo


Porque también creo en la sencillez del aire,
en la fruta mordida y su olor vaticinante, en el sur
de corazones geográficos
y sus huellas deslizándose por la fragilidad.

Mira, no te pido mucho, confiar
no es ausencia de temores o naufragios
no es siquiera tierra firme
ni menos saber que algo sé de rumbos
o que sospecha mi piel ese quién eres.

Porque hay un mar oscuro en tu retrato
como un arpón a punto de alcanzarte
con la muerte que presagias o la mismidad de cada hora,

porque hay una flor que callas en tus labios
y tu voz es mirada de horizontes

y porque haces del feliz congelamiento en una foto
la proximidad que anhelas,
yo apenas sé pedirte:
algo así como ese espacio donde sólo cabe la caricia
o el pálpito de estar viviendo,

un algo que precisa igual tibieza que mis tardes,
igual viento que mi cansada Patagonia.

y porque, sin embargo, hay una oda única en tus manos,
yo no creo verlas llenas, sino vacías de tan dispuestas,
y quiero tomarlas como se toman las palabras,
sin tocarlas,
significar con ellas la simpleza de una sola frase:

"Tómalas, también mis manos se sostienen si me dejas
asirme a las tuyas, libremente" .

Aquí de sur


Aparece real la Patagonia esta mañana
hay un campo cansado,
a veces árido y celeste, más allá de mi visión.
Un cultivo de polos florecidos
de blancos y negros
como ideas que lo hielan todo
y son un cuerpo, tan sólo, ajenidad
que se despierta.
Bosteza una red de presentes
y se dicen:
es posible agrupar un archipiélago
- o yo misma-
en instantes
que se anegan de sueños
allá donde van a pastar las soledades.

Aclaración de este momento


De una rosa abriendo sus pétalos de agua,
de ese mar tranquilo, del sentir
la calma y su propagación,
de la piel expuesta y desnuda
comunicando
receptora de la bruma o el viento,
del clima frío que aún persiste,
de eso hablo, de instantes
que no son propuestas, que no son señales
un poco a la deriva y dejarme guiar
sin ver,
tomada desde el eco
sin oír tampoco,
pero como si tus versos me volvieran hasta marzo
o a los colores de septiembre
y así sin ver,
palpar cómo embriaga la distancia dé esas estaciones,
la lejanía de las playas
y la voz de un horizonte que me entra por los poros
que se anuncia, seduce
y me reconoce.

De eso hablo, ya no quiero las estrellas
ni mi rumbo es una galaxia cierta o equivocada.
Hoy contemplo la simpleza de los puertos,
simplemente estoy
como atraída en su lenguaje
en la mudez y sus síntomas de olvido
estoy
como esperando descifrar tu poesía y sin leerte
saber innecesaria tu mano señalando nada.
Sólo toma la mía y calla,
que se digan solas aquellas rosas tuyas
que se diga sin decirse
tu música
y tu compañía.

Añora su timbre el viento


Añora su timbre el viento
su flor pronunciada, su rumor ensombrecido
-el significado de silencios dando vueltas-
Es un dolor sobre mí o la brisa
transportando el cielo
y yo propicia para la niebla,
rodeada
en el naufragio de esta mirada insuperable.

Una mano tuya señala ahora para mí una palabra.
Yo no quiero mirar,
pero un camino se vocea sobre mi piel
y soy rubores,
andadura tibia de una superficie
de la que tampoco quiero oír,
ni descifrar su idioma de signos diarios,
ni emprender el valor de sus arengas:

Tu voz se deshace sobre mis párpados
y soy apenas rosa.


Apenas círculo abriéndose en el mar
apenas yo misma de ondas líquidas,
sintiendo - y así rehago el trato
de la primera vez en que apareciste -
sólo sintiendo
cómo se ha quebrado el infinito.

Entre nieblas


Hay una niebla afuera, helada gris
que me sume entre huida y escondite
fatídica
y arranca de mí un zoom violento
lo sé, es un extremo original de aquellos mundos
como el de "oboe somerso"
o sueños o miedos
que suenan y no existen
que están por ahí perdidos sin hallarse siquiera
en el indicio de haber desaparecido.

Y están también las nieblas más cercanas
pausas íntimas
la lectura del diario selectiva
el tono en que mi voz transita sus defensas
los lugares en que mis ojos se quedan por más tiempo
el color que quieren recordar
de entre todas las miradas
y al final se resume
el cuadro para aquella única fotografía
lo sé, la que he podido ver
cegada por esas otras espesuras,
las mías
y de las que no puedo culpar a los inviernos.

Por eso, confío la luz a aquellos faros
que son palabra y llevan a palabras
y son como ecos resaltando entre la bruma
y son señales que se avistan
y emocionan, porque entibian
y son como dos manos esperando
como éstas que palpan de humedades a ventiscas,
cómo cambia el clima
a medida que se advierte más valor
y se aproxima
la hora de reandar la tierra firme.

Sin mirar


"Si no miras mis ojos
jamás alcanzarás el horizonte". (E. Ramos)


Tal vez ayude el rumbo de la niebla,
esperarla a que mute en agua o frío
y perderse
hasta elegir quedarse en su silencio
aún si lo que resta es un naufragio
un no mirar a dónde
un algo táctil
que desea
a oscuras
y se dice:

voy a tientas
buscando una salida.
Por alguna razón
ni la palabra tiene escapatoria.

Infinita




Entonces estoy
algo alarido, algo negación y transparencia,
algo conmovida y mejilla tibia.
No siento el frío, hay un fuego estimulante
y una manta verde
que hace de lanaterapia
o suavidad de menta como esta lluvia
para mis pies congelados.

Mi habitación semeja una acuarela océanica
un cálido caribe, donde a veces estoy triste,
otras profundamente serena,
tengo una colección de delfines cristálicos,
violáceos y aguamarinas,
a veces también me siento dichosa,
tengo buen humor,
y lápices de toda la cromatina de los azules posibles,
están a mano junto a los papeles reciclados
que fabrico de rosas y tulipanes y tallos de girasol
y maravillas y papeles de diario con noticias olvidables,
y a veces estoy profundamente sola,
entonces enumero mis letras "e" más benditas,
en ocasiones las trazo en caligramas
que hablan de espiritualidades y espejismos
entonces es que estoy empezando de nuevo.

Me concentro en el ruido de la calle,
pienso en mi jardín y sus naranjas a punto,
en mi ficus ellevatia, en mi desolación
y los tres relojes de mi casa
ninguno exactamente igual en hora,
estas horas que hoy me llegan limpias
no hay cardos,
no hay inefables
tengo una lágrima que se ocultó en sus imposibles
y ninguna gana de ordenar, esta noche,
las goteras que caen como crucigramas,
porque le resta poco a mayo
y mi paraguas es demasiado femenino
incombativo de aguaceros,
pero he cerrado convenientemente mis ventanas.

Resulta cariñosa la poesía de Beethoven al piano
a veces tengo debilidad por el violoncello,
pero algo de ceremonioso y medular
tiene el teclado que conmueve
y libera. Hoy lo escuché apenas amanecida
y me siento plenamente farfalla
hasta de noche, fugaz, como el amor, como el amor.

Noto mi piel blanca, está helado afuera,
tengo manos suaves
y ojos brillantes
son lindos mis ojos, a veces hierven
como una taza de té con canela,
estoy acostumbrada a que canten
como grillos si es de noche
temerosos, porque a veces, soy frágilmente insegura,
también soy orgullosa
de mis costas,
mis ideas que navegan por ríos valdivianos,
por un pacífico inmenso
y entonces es que me siento infinita
como quien sabe que deja siempre una estela
una huella de espumas
algo así como este chal de menta
que me abraza, me cobija
y soy algo dulce y mujer
mecida en no sé qué mar hacia no sé qué puerto
iluminada
bajo la entonación impiadosa
y a la vez, seductora de tanta lluvia.

Provocaciones VIII


Y a qué hablarle a las sombras
a qué regar con lluvias un bonsai
soñar con un viñedo de besos
o cristales goteados y empañados por el fuego
a qué mirar por entre los grumos de palabras
que apenas descifran al hombre que es poeta
apenas hombre, apenas voz, apenas sombra
a qué buscar lo perdido en lo que pierdo
si es un todo apenas todo presentido.

Puedo detenerme ante esta piedra:
escultura infinita de Eros y sus metamorfosis
con su ella mortal, amada y fuente,
una de tantas a los pies del Santa Lucía,
¡Ah eternos dioses griegos!

Puedo sí pensar en la vocación de piedra
en esa que es profesión de hacer silencios,
pienso en ti poesía
y me dejo ver también en versos
y déjame decirte que siendo mortales
apenas finitudes
cometeríamos un grave error
al callarnos
y no aprovechar este tiempo
sin sueños ni sombras
amándonos.

Provocaciones VII


No sé si hablarle a la luz
o a las sombras de ti, que ella me devuelve,
no sé si finalmente eres sombra sólo
o silueta pendular
perdiéndose
como columpio abandonado en este parque.

No te sé color ni forma real o luminosa
apenas palabra
apenas voz, a veces, diluida e indescifrable
igual a la de aquellos pájaros
ante la invasión de las nubes
que ahora congelan
y descienden frías para habitarme los ojos
para impedirme mirar con los oídos
para impedirlo todo.

Pero podría hablarte de lo que sí sé, de lo que puedo,
que es como decir poemas
sin "te quieros"
para no repetir la disolución de los sonidos
en la bruma,
para no envolverme yo
y ser apenas evaporación de la neblina
para resistir las demoras del sol, hablándole a la luna,
que aún si cae en un gran charco
semejante a un pentagrama,
menguada o nueva,
no teme a ser milagro
para volver canción iluminada en plena noche
como tú
o la luz que eres cuando me nombras.

Provocaciones VI


Difícil describir la neblina:
los manchones coloridos en el parque,
el pasto como pinceladas en fuga
de indóciles metáforas,
vahos tibios de chicos jugando
deformes esta mañana en Providencia.

Presiento esa quietud de postal impresionista:
me atraen las miradas y su distorción de muecas
en la humedad de los troncos,
todo el ocre dispuesto de otoño arrinconado
y yo sola frente a la fuente.

Soy apenas un contorno diluyéndose
como el ángel inmóvil
y su ánfora rota.
Otro
como el de aquella señora más allá de sus carnes
más allá
recogida como montaña junto a una paloma
en la sencillez de su migajas
casi perdida en el gesto.

Hoy apenas soy un trazo caminando entre los árboles
y se me hace difícil siendo niebla
decirte de la bruma en estos días,
del sol cuando escasea
y de la lluvia cuando es superficie o capa borrosa
de tus voces
o esta forma líquida
que va adquiriendo
el no poder oírte en mis esperas.

Provocaciones V


También era la lluvía cuando nací
era el invierno y madrugada
era el hombre caminando la luna
era lo femenino para nombrarme hija
calles como ríos
los sueños de mi padre
y lágrimas eran.

Acaso la vida no era más que eso
una lluvia prolongada
un rumor incitante
haciendo líquidas las horas que no amainan
y éramos simplemente humedades
o lo que dejaban las tormentas
como la Gran Avenida diluviada
el desborde en los canales
o el sol atrapado en medio de los charcos
y su oficio de trazarnos
con su paleta de grises como reflejo.

Acaso era cierta la frase “líquida en la niebla”
y eran fresas y el verde de las manzanas
algún silencio inventado,
algún pliegue de sábanas como párpados
cuando duermen la noche entre luciérnagas
y eran palabras cada gota en los cristales
y eran una voz reconocida
y acaso era ésa tu voz, la que amo todavía.

Provocaciones IV


Van tres días de lluvia y tres mil damnificados
mi Valdivia es barro,
Santiago se anega entre los grises
y el Chaitén escamotea una erupción definitiva.

Así nos andan las cosas,
como ves, no estamos para poesía.
Todo es palabra que duele,
no estamos para metaforear diluvios,
ni "orejear" o "narizear" a lo Rojas con los verbos.

Oye cómo nos amenaza la tormenta,
cómo el viento nos anda sin voluntad de dialogar.
Solos, empecinados,
así están los efectos naturales,
escribiendo su propio verso de origen y dominio.

Ni qué decirte de mis calles,
tampoco sabría hablar de las filas de automóviles
a la hora de las radios
cuando pasar las horas es sinónimo de oír
como se oyen
los discursos de la presidenta,
algún canto pegajoso
o las noticias de Futaleufú.

Porque hay un dictamen de obediencia en todo oír,
que mueve a algo,
entonces no me basta con saber que ahí hay alguien,
un alguien oreja
escuchando.
Resulta que llueve demasiado
y empieza a serme inútil el poema
y que tú seas oreja y sólo eso.

Provocaciones III


Las cosas siguen íntimas su curso
como el gentío de Santiago cuando casi son las siete.
El metro hierve en esta ciudad que se desvela
desbordada a pleno frío.
No es fácil dar con la salida
entre los humos del maní recién tostado,
del smog y los choripanes a cuadras de La Moneda.

La noche ha comenzado su mudanza,
aunque siguen ahí
los que nunca se detienen:
el sin pies a mitad de la escalera,
que no pide a Dios por su dolor ulcerado,
la de las pirinolas luminosas
que gira sus productos al son carismático
de los que saltan
mientras corean salvaciones
a los apurados del Paseo Ahumada.

Ahí el que vocifera un sermón de plástico,
el que oye tocado por el anonimato,
el señor de la chicharra y gorrito de papá noel en pleno mayo,
la de los cd piratas y su saco a punto de la huida
y todos los que se desvanecen como la muchedumbre
y las palabras,
mis palabras que buscan resumirte
el más allá de tantos y tantos bullicios.

Pero me pregunto para qué
y qué si siguen ahí mis azules migratorios
y las campanas
y la gota suspensa en estos rostros
que me observan pasar como ellos
sin detenerme también,
como buscando algo,
como no queriendo decir que sí tienes que ver
con la neblina y la lágrima
con esa sed
y con todo lo que no sabes,
por ejemplo: que transito estas calles
como buscando una voz - la tuya - que se abra paso
y sea tibio rumor en el barullo
y me lleve hasta tus ojos que parecen invierno
cuando son pausa
y son la lluvia
en que sueño quedarme.

Feliz Cumpleaños!

Hoy era día de examen,
los alumnos rezaban su oración de la mañana,
entonces quise cuidar el tiempo,
lo escribí con calma en la pizarra:
miércoles siete de mayo
silencio
e instantáneamente me vi feliz.

Era yo misma un poco loca,
reía detrás de sus tensiones,
para ellos iniciaba grave el día,
para mí, cabía apenas explicar.

... es que hoy es su cumpleaños
de éste,
éste
y éste... -dije-
José Emilio
Christian
y Antonio,
sus rostros de "¿acaso cumplen años
los que ya pasaron las tres décadas?"
semejaban al mío
que embobado se sonríe porque sí
y no se explica,
porque debe sonarles aburrido,
saludar como saludan los adultos,
hablar de cómo enrojecen los otoños
y celebrar a alguien que habitó en la misma luna
algún día
cualquiera de recuerdos.

Sí, incluso decir
¡Feliz Cumpleaños!
y saber que aún es un día distinto
el siete de este calendario.

Provocaciones II





Yo quería hablarte del amor en plena calle
de ése que asalta no sólo a un corazón,
de mi Santiago plagado de "Paz Froimovich"
con sus edificios a créditos
para dividir la soledad.

Pero me quedé en tus versos,
en la mudez de las Magnolias,
las hijas de Miguel, quien ya no canta
y pienso, mujer, en cuántas muertes son otras lunas
que menguaron
sus latidos y sus voces,
como esta mía, que hoy se calla
por no poner ya más tristeza
a tu nostalgia de verdes
y de tierras sembradas de familia.

Y es que vuelves y vuelves y abres
y es como cuando llamábamos verdiazul
a los meses de poemas
y eran sorpresas las palabras,
por eso sólo quiero que tú digas,
no quiero que calles ni una sola
ni una lágrima siquiera.

Pasa, dejemos al tiempo su vacío de arroz,
la congestión de las ciudades
y tanta canción afónica y mercancía.
Yo me callo,
porque vuelves, sé que vuelves
entonces, el silencio será otra foma de palabra
un consuelo ínfimo, quizás,
un abrazarte cuando llores.

De: Provocaciones


Déjame contarte de la vida antes que amanezca
podría simplemente tratarse de unas sombras
- parecidas a las nuestras en estos meses
en que la lluvia nos falta -
Pero resulta que éstas
habitan un mundo de cuatro a seis de la mañana
en las penumbras de Mapocho.

Mientras tú duermes y yo sueño que regresas,
hay los que "venden camiones"
con dos silbidos y una guerra de repollos
- o coles como tú les llamas -.

Don Gonzalito es uno de ellos,
tiene manos grandes y carga como nadie.
A veces, vocea con su cara salpicada de rubor,
aunque la helada caiga a gritos por su bufanda.
Él sabe de sombras claras y otras que no son buenas.

¿Sabías que hay códigos para entender a los ladrones?
Los hay ladrones malos, que no cobran "fianza"
ni distinguen ojos ancianos de empresarios.
Ésos se huelen desde lejos,
entonces vuelan coles gigantes y tomates,
porque ésos no tienen permiso de robar,
ésos se cargan además con sangre,
ésos van en otro turno, porque hay recambio de ladrones.
Y claro, los hay que son ladrones buenos,
que entran "con permiso"
y cobran "fianza legal" a quien más tiene.

Y sucede que ignoro tantas cosas
como estas historias en La Vega
y el motivo de tus luchas
o a dónde van a parar tus insomnios y promesas.

Y sucede que el silencio nos sucede
y quisiera contarte cómo bulle mientras te espero.



(Para Luz Carolina)

Ejercicio de la Soledad V

Si esto que siento no lo hace feliz
no lo quiero
y si esto que siento no es lo que Tú quieres
para mí, tampoco lo quiero.
Y si a cambio, queda un vacío apenas
llénalo de esperanza
que la tristeza después de la renuncia
tampoco la quiero.

Una de tantas deudas

Sobretodo, la risa
que es como quitarle las cadenas
a las cuatro de la tarde de cada día
para mirar
como se miran los techos
con sus infinitas formas de cobijo
bajo la lluvia
o para mirarnos a la cara
bellamente deformados
con las definiciones de arrebol
y sus colores
tan a la medida de los ojos
cuando creen
y lloran
y se ilusionan
y sí, sobretodo cuando se ríen
esperanzados.

Descreo de marzo

Descreo de marzo y su otoño de sur rojizo
que ya se perfila ramaje desnudo
de un eco adánico
a punto de rasgarse como adiós en mi garganta.

Tampoco quiero marzo, porque ya no huele a verso
ni a hombres
ni a voz entonada a medida de la tierra y de las hembras.

Es como una mesa puesta bajo la parra,
un plato enfriándose para siempre
a la sombra de un último febrero,
de un ombú oscurecido en el lugar vacío de un poema
y que ahora se alimenta apenas de silencios
en un mes tullido de sudores y sequías.

No quiero este marzo, porque no me dice de él
y sus abrazos al otro lado del atlántico,
porque no refrescan las tardes con la contraseña
de poetas del viento capaces de desmoronarme
mujer, muralla inútil
y rehacerme arquitectura en sus palabras.

No existen marzos que pueblen ya de higos
las guerras de los nombres,
ni habrán evas acurrucadas para besar aquellas bocas
de besos claros y cepa dulce,
ni bastarán los sueños o el retraso en las vendimias,
porque ha perdido la fe a uno de los suyos,
ha perdido este mes la copa infinita
del amor pronunciado a sangre y vino,
has perdido tú y yo, y todos, una razón para marzo
y los meses que le siguen.

Oficio de sangrar



Oí a mi corazón
desvestirse
en su oficio de sangrar

Lo vi en su flirteo rítmico
de animal
en celo con el aire
filmado en la costumbre
y cavernario
pareciera hibernar
-como todo mi yo, a veces-
a causa de las ruinas
que resiste
forastero.

Natural, le hablo
me interno
lo nombro
en ésta y tanta poesía y lo desarmo
como metáfora quirúrgica
"está sano y muy fuerte" -diagnostican-

¡Qué saben ellos de su dolor precioso
de la inmortalidad de sus heridas
de su llanto
y ventrículos desolados!

Ah corazón corazón
no es de ejercicio intercostal

sino mundo
mariposa perdurable
y esa infinita desheredad

corazón,
la sed de tus pálpitos.

¡Qué manera!

Qué manera de cerrarme la puerta,
qué más despiadado que su yo largo
y huidizo
que esa solitaria mano que lanza de golpe el adiós
sin darme tiempo a reaccionar.

No reparo aún mi asombro
cuando el certero derrumbe del momento
cae demoledor, sin despedida.

Qué manera de sepultarme su silencio
y apenas un perdón como puñado de tierra
para ahogarse en la boca.

Qué escuálidos mis reflejos
y esa indecorosa sensación de indiferencia
que tumultuosamente queda
como un pecho a la deriva.

Esto es
es
¡qué feroz violencia para mi corazón
y yo desprevenida!

Qué manera de dejarme inmóvil
sin tiempo ni derecho a la respuesta
y que ahora es pálpito enojado
de un no que se agiganta
porque no,
no, no, quiero

¡ qué manera de hacer que no lo quiera!

Farfallina sul fiore di sangue - el poema



"Igual que un poema, la música se despierta en el interior, íntima y acuciante. Te persigue por todos tus pasos, va dejando una estela en tu perfume y te envuelve el cerebro como una cosa mística." Alejandro Salvador Sahoud

I

Tonadita tuya, tu risa de guitarra
santiagueña,
rasguea su adiós esta tarde
a un sol morocho
que se extravió al final de tus desmontes.

Pero tu música testarudea
su latir de corazón escrito
para que se amanse el mío
como cuando alargabas las horas
y el sosiego era tu frente sobre un caballo.

Ahora soy yo quien busca esa mano
de aquietar la vida como a un potro,
pues de tanto recoger los vientos hacia adentro
-como me enseñaste-
golpean tormentas de arena sobre este desierto
que has dejado caer como a tu alma entre tanta poesía.


II

¿Lo ves?
Tu boca era una cabaña deshabitada
donde podían hospedarse todos los sonidos.

Por eso, me gustaba cuando
de tanto en tanto abrías otra puerta
y su envejecimiento rechinante
era como un niño que nace
en el asombro ante la luz.

Entonces, tú también te dejabas nacer
y eras un teclado blanquinegro,
un grito de lucha o canto
de grillo, de ave migratoria,
de mar o río llagando la piedra,
de ramaje y su animal de leña en el otoño,
del viento
- cuando dice veranos para apaciaguar la flor
o cuando es rayo riguroso
en la crueldad mayor de los inviernos-
entonces eras alguna forma de rugir poemas
que siempre pedían ser devueltos en caricia.

Todavía creo que unos golpecitos
bastarán para que abras
y tiendas una silla
así de hogar para hacerme compañía,
de ésas de hojear libros
mientras la música saborea
el descuido de las interrogaciones
que brotan siempre después de los silencios
y entonces, tú volverás a ser hombro, enseñanza
y lágrimas -si hace falta-
junto a las mías.


III

Ahora me pasa que no hallo palabras
que no estén significadas
en algún extremo loco de geografía literaria
que contenga tus pasos
y los de esta música.

Va dejando una estela en tu perfume
- adviertes -
como encargándote de que no exista el nunca
en que te olvide.

¿Acaso puede un corazón desoír
ese pálpito de folcklore, sonata o jazz
que le ha respirado
más allá del infinito nombre
en que te quedas
amigo, hermano, padre, poeta amado?
porque para mí no habrá suficiente música
con que interpretarme en un ¡Gracias!
y ser tu farfallina sul fiore di sangue.

Farfallina sul fiore di sangue

"Farfallina, cantar o componer también es un estado de ánimo, por más oficio que se tenga o por más que se diga que "Santiago es pueblo que canta".

Igual que un poema, la música se despierta en el interior, íntima y acuciante. Te persigue por todos tus pasos, va dejando una estela en tu perfume y te envuelve el cerebro como una cosa mística.

Al menos en mí, así nace la música.

... dejo una pista de sonido, por si en vos nace un poema.
No llores más."
Alejandro Salvador Sahoud






nace el poema, pero dejar de llorar, caro?
no, menos ahora...

te lo debo

Respuesta para Alejandro


"¿dónde me queda el alma
cuando se acaba todo?"(Alejandro Salvador Sahoud)




Algo rumorea como gentío o mar de pájaros
en esta ciudad, que es a veces, un corazón
interminable, pero frágil,
esa voz tuya, regazo herido
donde van a perderse, llanto constelar,
dolor y trizaduras.

Algo parecido a una multitud
que desampara, huidiza,
me percute en la piel como frío que persiste
con su agujero de cosas pendientes
y por las que me pasan de largo
como pasan también
este réquiem y tus ecos
que no saben marcharse.

A veces, guardo minutos
para no tener que contarlos
apurada después de la culpa.
A veces, los escondo
e imagino que la proximidad de la muerte
los regresará a esos territorios
en que debimos ser uno
para que dioses y demonios
desprestigiaran los destinos.

A veces, todo me dice que los dónde
son siempre lugares improbables, pretéritos
que cambiaron los azules diarios por la niebla,
aquella sombra a la que los tristes
le hemos cedido nuestra alma.
.

A Alejandro
Descansa en paz, caro. Te extrañaré.

Imagen: Gattino del caro

Ejercicio de la Soledad IV



Futuro

No estás
tampoco tu voz
menos la promesa,
porque implica mañana.

No estás, no estás

Debes saberlo:
aún si estuvieses hoy
no me entero,
simplemente
porque yo ya no estaré.


Foto: La Serena, agosto de 2007