Un Munch












¿Que se haga la noche
y se escurra como una sola
en la penumbra
nuestra respiración imaginaria?
¿Y qué cuando las 7:00 a.m.
sean sol y lluvia de hemisferios?
¿acaso importará lo eterno de mi piel y tus manos?

Sé que no obedece el aroma al subjuntivo
ni puede evitarle su fracaso a la flor.
Sólo hay una danza pintada entre paredes,
invisible, insomne,
latente episodio del cuerpo
siempre a punto de librarse
de un cautiverio tenaz.

El alba nos bebe
y seguimos siendo naves de un naufragio
donde el grito es un Munch inmóvil
y deforme.
No miento si te quiero
justo en la mitad de estas olas
con una lengua susurrada y salvaje
capaz de engullir la soledad ondulante con un beso.


Pero el alba nos bebe
y hoy el amor es un puente quebrado
como el sexo.

Cachiyuyo

Por un momento el cielo es luminoso otra vez y es cálida la tierra en su mezcla rojiza de mineral. Por un momento la sombra de la cruz se alarga y su amplitud abarca el horizonte, Hay algo aquí que atrae la inocencia. Hago fotos y sonrío por la belleza a pesar del deterioro, son muros blancos lidiando con la gravedad y sin embargo, intactas, sus flores de plástico festejan una fe que ha quedado a la deriva. Sonrío por el descanso en el camino por los cerros monótonos de aridez que cobran vida en este caserío donde un instante es indicio para lo eterno. Y sonrío por su puerta abierta, la reja de madera y un árbol como pintura de niño con su sol, siempre el sol en lo alto ceremoniando para nosotros dueño y testigo de un altar. Dejo que el silencio se apodere del paisaje y sacuda los fantasmas ahora que todo es viento suave y nada más importa: jugar a que son flores las tres hojas verdes de la cactácea, o imaginar en la maleza el camino ornamentado a la entrada de la iglesia. Y entonces, voy segura de las huellas que este día deja, de lo inútil que será el tiempo, las pupilas o todas o ninguna lluvia futura o el desierto para derrumbar el adobe y la esperanza. Aquí en lo real de una promesa aquí solos ante la imagen Del Carmen los ojos son vulnerables como esta construcción desnuda y no caben las corazas para mi corazón derribado. Y sí, por un momento podemos oír la brevedad de dos palabras imponiéndose como un templo en un lugar de nombre Cachiyuyo un lugar más acá del norte y del sur, un centro que nos conecta, atemporal y feliz.

Emailer-Daemon@




Hasta aquí enmudece la palabra
que desliza su falso estatus de silencio

la memoria tiene su ritmo de sueño en sueño
para huir tal vez porque del otro lado
sí existen los momentos que se añoran.

Escribo para mi defensa
aun cuando el rasgueo de teclas
no alcance para acariciar recuerdos
que invaden este rectángulo infinito.

Y no es cuestión de tiempo
ni siquiera de distancia
para que el grito estalle inesperado
y vuelva a apoderarse: pensamiento, piel, lágrimas,
queriendo adjuntar algún significado más preciso
que un te amo todavía,
mi querido…
a pesar
a pesar de
a pesar del todo
a pesar del todo de mí y de ti
para que  en menos de un segundo me traspase la ilusión
de llegar a donde sea
como cuando era el diálogo en los ojos
y ya fuera tu voz o el tacto, la respuesta simultánea,
nunca me inundara este vacío 
de un oscuro remitente y su sentencia imperturbable:

“la entrega al destinatario falló permanentemente”

Todavía






Todavía fuera piedra
o un mínimo de solidez
para estas manos
que no han memorizado.
              
Un signo, un despegue
aunque perezca en el lejos de la huella
que hoy cambió y que desconoce
al rostro y su mar allá en los ojos, escondido.

Un algo que atrape el todavía,
como si fuera el resto de todo lo que queda
entre la nada y el intento.

Y entonces cuestión de perspectiva
fuera querer hoy 
lo mismo que ayer se odiara.

Recobrando la voz



El cielo del norte puede desprenderse como roca árida
y arañar el bronquio hasta la tos,
puede agrietar la piel con su noche de nada y desierto
y ahogar la voz en un rocío siempre en despedida
como niebla mezquina
en medio del pecho quebrado por la sed.

Sus nubes son violentas formas
que ya no tienen traducción
para mi respiración cansada
de intentar tocarlas en el arrebato del viento.

Aunque este cielo de Santiago tampoco es inocente
en su crueldad que se hace diminuta leve y negra
como los ataúdes de Celan donde vamos a caber todos en el aire.

Intento un verso donde el silencio se siembre
y crezca verde con el frescor de mi sur
lloviendo en la garganta para que no duela
allí en mi centro de donde vienen las palabras
que nacieron muertas.



Fotografía



A dónde este mundo cuadrado
con sus ventanas brillantes,
pequeñito, como de caja de cartón
para guardar el tiempo
de trece por dieciocho
de mis septiembres en sepia.

A dónde las otras,
las que no fueron fotografía
ni superficie de espejo
ni eco de entrañas inaugurándose
para albergar la lumbre.

A dónde es que voy siempre
vértice de algo
harina o polen del instante de pan
que no es masa ni mitad
o sueño
donde ser sonrisa detenida.

Y más ahora, a dónde
estas manos sujetadas
estos ojos que se apagan, esta boca
esta sed de lluvia
y estos pies tan lejos de Valdivia
y este beso y este beso...

que es un aquí partido,
geografía de álbum
y mordaza y hambre
de algún a dónde que no sea
el oír en esta caja
cómo cae arrugado,
el universo.

A nombre de su nombre


Una vez que lo escriba
cómo no habituarme a su nombre maduro
que viene a ser presencia
en este país de cigüeñas
donde antes sólo hicieron nido
imaginarias golontrinas
y tristezas ferroviarias.

Cómo no entrañar su calidez
pronunciada en este frío Santiago
con neblina tan láctea
amordazándome
tan él aprisionando del labio al pecho
y desde el ahogo a la curva en la palabra
que no cesa
y se dice hasta que los ojos dejan de ser ojos
y presagian la vida desde la vida
hasta adentro de los cuerpos.

Cómo no escribirlo
mientras lo voy respirando
en las cosas más deliberadas
y exquisitamente reales
de la casa y estas calles que me palpan
como si les debiera explicación
por las sonrisas
que van haciéndome olvidar
tanto gris de invierno y sismo
sobre mi boca.

Grabado


Hay un manzano en flor detrás del tiempo
un tiempo azaharino en lo tibio de tu boca
casi siempre
con forma de vasija, recipiente
y sensible como cuña de lengua temprana
que sabe pronunciar los sabores de la fruta
y grabarse en el labio

- así la humedad de la piedra -.

Detendría el paso de las sombras
para que permaneciera el cielo
con su cota de luces
que bien podrías encontrar en mis ojos
si ya sabes el idioma de los tristes.

Pero hoy
deja que yo te mire
y sea la tregua íntima de la lejanía
en esta oscuridad que nos traspasa.

¿Acaso no es igual para los dos
la sed de vertiente?

Deja que te mire y brille mi labial
por un momento
que palpe en tu pecho el calor que añoro
y mi seno oculto sea intuición de luna perfecta.

Destino de los hierros


Un vaso de café comulgan las manos
y un silencio en la estación
vierte el frío de viejo transeúnte,
allí nos derrama la tristeza
su ardor de alma vagabunda.

En torno, las direcciones son ruidosas,
aceleran la inmigrancia
de idioma y bultos
- que son oscuros como los ojos -
para no estorbar.

La noche oculta abrazos,
el billete traducido en un sollozo,
y las espaldas son maletas
cargando una nueva despedida.

Viajantes
con el sueño que prospera destino de los hierros.
Cuando una turba de humo se aproxima
el aroma del café hierve y se mezcla,
el adios sopla como un vapor
y nos bebemos
el último recuerdo.

De acero


En marcha mínima, aún difusa,
soy desplazamiento
y atrás van quedando los pasajes
de pájaros picoteándose las plumas.

Como imagen arenosa y dolorida,
transcurro
llena de episodios o estaciones
que no se alcanzan a juntar.

No quiero volver a detenerme,
y cada vez
soy más tren acorazado,

¿dónde irán a romper
en llanto los aceros?

Mañanas


Las mañanas aparentan los equilibrios más exactos allá afuera.
Podría decirse que todo es especular contigo. Blanquísimas paredes dispuestas a leerse con tus mil libros ahí a la mano, como una danza justo cuando las cortinas develan la proximidad de nubes rociadas y solares.

Entonces estirar el brazo y sentirte - porque siempre estás cerca - respondiendo, niñez, soledad y reciedumbre en tu voz, igualmente exacta a aquellas que despiden los amaneceres portadores de incógnitas.

Todo es intencional: el suelo tibio, la música y el jazz melodioso que pareciera transfigurar los pasos del gato hasta armonizarlo con los instantes del jugo de naranjas, del abrir ventanas, del respirar el día entrándonos hasta la saciedad.

Incluso el silencio es intencional, porque siempre dibuja imágenes perdidas.

Es así como reaparecen bajo el brillo de esta ceremonia, sonrisas, tedio, el verso de Blanca: "¡Cómo brillan al sol los hijos no nacidos!" y todo lo que el resto del día habría de adherirle: padres, amigos, familias enteras no nacidas para que todo brille como huella confusa en la adivinatoria procesión de otra mañana, que atisbamos lejana a aquéllas, de cuando todo nos sonreía.

Sintonía de la distancia II



Las ciudades aquí se caen
y los escombros forman laberintos
que dejan atrapados
el sueño y los miedos.
Algunos hacen como que se levantan
y retiran su pesadilla como un derrumbe,
pero siguen dormidos
porque es más sencillo que ver despiertos
la distancia hasta reconstruirse.

Yo también hago como que camino
y voy de pie sacudiéndome los años
y los restos con sus escasos comienzos,
por eso no me sirve estar cifrada
como un nombre
que el silencio fractura
hasta volverlo pedacitos
que después se olvidan en una esquina.

Te quiero aquí desnudo como un abrazo
que irriga de lluvias y de mis pájaros del sur
este gris que salgo a caminar
como si nada.
Te quiero a ti,
desnudo de versos
con la complejidad de mirar a la frontera
y del no saber si estar o no
como si nada, pero conmigo.

Y te quiero aquí para recorrer
no las huellas que dejó la poesía
ni las antiguas nostalgias
ni las tristes metáforas,
sino este sismo del que sobrevivo
con mis calles oscuras
con mis manos y el rostro a solas
con esta sintonía que me levanta en serio
cuando enciendes para mí
toda una ciudad.

Réplica


Todo se viene abajo en dos minutos
como si fuera sólo piel avejentada de pronto
cayéndose
como lugares hechos de cascarita
cayéndose
los veranos con sus costas
y los queridos nombres
cayéndose
como si cada instante de lo que fuimos

es instante cayéndose
en medio de las grietas de lo que ahora somos.

No me agobian las pérdidas
sino la desnudez que fragiliza
y me sacude como a estos versos desmoronados
que nunca más serán torres
ni escudos o espejismos de la otra yo
cayéndose.

Y aunque ya voy de pie
soy más yo, vertical bajo la lágrima
arrasada también
sin presumir los tú o los yo
cayéndose
narrados o en metáforas
ni en retratos que apenas caben en la boca
de heridos como vamos
cuando todo se viene al suelo
y sólo quedan nuestros ojos
con un rostro
cayéndose
a mitad de la pregunta

¿Que acaso ya la vida
no está suficientemente rota?

Terremoto - Mi sur herido (27/02/2010)




Yo creo más que nunca en el abrazo
que sostiene el minuto treinta y seis
después de la hora tres que se desploma.
Creo en ese gesto único
que salva al vecino y al hermano
de ser sólo vecino y hermano
en el recuerdo.

Cuando mi sur está roto
y el alma apenas puede distinguir entre el miedo
el dolor o la vergüenza
estar en pie es lo que queda
es otra forma de estar resucitado
de no preguntar si la muerte es selectiva
o si debía remecernos
la tierra para descubrir que hay màs veredas
que nunca visitamos.

Reina



"todas íbamos a ser reinas,
de cuatro reinos sobre el mar" (Gabriela Mistral)


Yo no iba a ser reina como Lucila
ni voy camino a mares verdes
con árboles de pan y de azafranes.

Planto aquí la mirada y me empino
en pies de barro
tan lejos de las cien montañas, tan
como ajena de reinos
que no sean ruido y luces
de la ciudad en mí, terrosa y solitaria.

Yo no iba a cantar sobre los valles
ni voy soñando reyes con cultivos de sombras
y oficio de silencios.

Hoy vengo de creer en los balcones
con tu luna pintada de Gaudí
y círculos abiertos
como estrellas de agua mineral
en noches oceánicas hablándonos
-tan imprecindible la boca-
sin que se dislocaran los besos
e inocencias
ni el abrazo de este territorio
que es mi cuerpo perdido.

Pero hoy no me conforma ser segunda
ni la espera a mitad de palabra
ni tu mirada como cereal
cuando son nata mis pechos
porque me quiero única
mujer, no sólo loba
celosa
soberana
de toda arena donde se queman mis pasos.

Solange cuando soy en tu lengua
y de pronto
como si emigráramos.

Rapto





Me pregunto a dónde huir
para que no me alcance mi sangre
con su carcajada masoquista cada mes,
dónde, que me esconda de mí
sin que pueda torturarme el tiempo
y la hora impar que no conozco
y la promesa de espigas madurando.

A salvo de mí, de mi simpleza
y del miedo voraz a las ausencias de pálpito
y de vientre,
lo suficientemente oculta
para no parir palabras tristes
que ya tiene bastante el mundo
y sin embargo,
que una mano me encuentre
que tus ojos se atrevan a mi egoísmo
y aún así, que me derroten
hasta que no quede nada
ya nada de la que fui.


Silencio roto



¿Y si escribir no cuenta,
porque el mundo es un bloque de palabras
que limitan
apenas con las mías, apostillas de un silencio?

Escribir es tal como tú dices y a veces
también este agujero
que pronuncia tan mal la noche a solas
y tan gramatical las decepciones
que hasta el verso es otra línea
en la expresión perdida de mi cara.

No sé escribir para que esta voz describa
lo que oculta
ni menos sé acercarme siquiera a su gatillo
sólo sé que dispara
cada vez que me he rendido de mí misma.

Vasija




Cabría buscar un nombre a este ser cosa
y disolución,
al cerrar de tus ojos
y esa indefinible forma de quedarte, yo, grabada
como en las vasijas, que de todos modos,
trizarán su fragilidad de destino gastado
en el espesor de su tiempo.

Cabría reescribir tibieza en lo sensible
heredad de los genes y esa súbita emoción
de ser sabor que es recuerdo o sombra
y, sólo a ratos,
permanencia de cielo con su cota de luces
que bien podría decir por mí
el mensaje desprevenido,
pero que teme mi vientre
resquebrajándose.

Cabría tan sólo la palabra
con su eco de barro esculpido en la caricia.
Y sin embargo, es justo ese fondo de gravidez
en que se refugia el silencio
donde comienzo a ser de nuevo algo
de un algo parturiento que quiere pronunciarme.

Oleajes





Te reconozco aún en lo mío
en estas cosas dos años más gastadas
más solas sin los significados
que se quebraban en tu boca
cuando era tan fácil darle vida a la ciudad
y habitarla de besos.

Hoy me hallas otra vez prisionera de tu risa
servida en esta copa
con algo de cerveza lager y mar burbujeante de recuentos
embriagados minuciosamente
de uno en uno
como se suele hacer con los nombres
que se declaran en los para siempre
de los buenos momentos.

Si supieras...
- y a veces creo que lo sabes -
lo que son estas calles para la memoria
o las nubes con forma de letra arañando las respuestas
o la palabra que soy bajo tus párpados.

Por eso no es extraño que vuelvas
como oleaje fresco a ser presente
y te recites en un nuevo pacto
insistiendo que tú eres el olvidable y no yo,
pero no es solo  cuestión de cerrar los ojos
e intentarlo.
Lo sabes,
no se quieren olvidos 
cuando halla su refugio, el amor
en la reiteración de la mirada

Septiembre


De este lado septiembre es cordillera
deslizándose como un capricho
que logra percutir colores en el aire
con puñados de volantines
y las típicas banderitas del dieciocho.

Es difícil no fijarse en cómo aclara la gente
y las avenidas que hasta parecieran ensancharse
como brazos alborotados por la luz.

Es automático el cambio de hora,
las fachadas poseídas por enredaderas
y el polen ionizando las branquias
hasta la fatiga de la tarde.

Yo me renazco septiembre con su aliterada canícula
y el sudoroso canto próximo al Mapocho.
Ahí es que soy entre voz de Vega y San Cristóbal
y me coinciden lo humano y lo inevitable
como comprar chirimoyas, helar el mote con huesillos
o desechar la idea de suicidarme.

Tal vez sea pura ingenuidad este mes noveno en parto
como que florezca sol adentro de las gotas
que olvidó el invierno
y todo esté femeninamente predispuesto para otro inicio.

Replegada




Sé de mi condición de agua
y de verbo él,
tan desprendidamente
oleaje
y estallido
de vocales a punto de parirse
para afirmar la noche...

pero
no puedo replegarme a mis entrañas
cuando
el aire de su olor
es un augurio
en que voy a perderme.

No aprendí todavía
de las distancias
ni aún de las heridas de lujuria
con que anegan

y es que humedece
su perfume
y salpica redondo como acústica
de una cascada tibia que va a cubrirme.

Soy de mí inevitable
por eso, la ira es conmigo
-ya no diré de él y de cómo duele-
también me deja llagas el sostén
y me acosa el aroma de la tarde
cuando se mezcla el sur de pino y río.

Que él es un desborde
y yo apenas cauce
no me alcanza, aún como pretexto.

Estos silencios




"el dolor es una maravillosa cerradura",
Blanca Varela



Le temo a mis voces cuando este silencio abunda,
cuando oigo a los pájaros y sé que sólo un eco
astillará los próximos segundos,
las horas se encorvarán
como una brizna oscura y envejecida
hasta cerrarse.

Detrás, quedaré, rostro de agua en un rincón,
transparencia silvestre
de estos ojos que se mirarán espaciales
- porque sé que ahí germinará
esa parte lejana,
que es mía, de mi tristeza
que huele, a veces, a violetas
y liturgias
o a vacíos
cuando la memoria es una asfixia
y las costas se alejan de repente
y el océano es sólo olor salobre que amuralla -
y querré, como quiero ahora,
el arrullo de una lluvia fina
que sólo ella me oiga sollozar
mientras me oculta.

Tal vez, mi nombre es un acorde del silencio,
tal vez, así es como este silencio me dirá algo,
pero yo le temo, y a sus colores
que gestan primaveras
y luego callan grises
como si voces oxidadas.

¿Entonces, me pregunto:
cuántos grises me hablarán antes que otro rayo,
luminoso azul en su infinito
sea pupila en la mía
para navegar a mar abierto
juntos y con los que ya se han ido? *

Reconociéndose




I

Intento el alumbramiento
pero me traga la noche en su rugido
y aún así es plácido este aire, y tan solo.


II

No importa si es perfecta la luna
o si apenas soy yo en el ladrido

Un instinto tuyo
se ha ido acumulando aquí en mi vientre
como pulso invisible
que me hace bella, tan bella


III

Y ahora es otra voz que me define
que vibra desde lejos
como sed insolente
de fiera siempre al borde
que me incita
y me doblega.

Quizás esa especie de barbarie
en tu mirada

quizás esa ternura indómita
que nombra
que es rugido y llaga de tus manos

el caso es que intento nacerme
y necesito tu lengua
como beso hambriento
ahora que estoy rota y no seré más loba
después de estos poemas.

Aún no es tiempo



Me indaga
respira tras de mí
la presa
que me ronda, sensible
olfatea el gemido.

Sigue el alumbramiento
de este corazón
todavía caliente tras el tajo.

Yo sé que no es el tiempo
hay la mueca,
hay la herida y el puñal
hay sangre descendiendo
pero hay también la lágrima
y mordaza.

Aún no es tiempo - dicen -
la custodio mientras
fornican lejos
las nómades.

Libre caeré sobre su noche
cuando me sacuda
de ésta que no termina
de asesinarme.

Hueco en la Palabra




He debido ahuecar esta palabra
como un asombro
que me repta ardiente
y desespera

y es maraña o pelaje tupido
que incita a garras a uña
a dientes
-a punta de insondables-
a agrietarse toda
latido o tierra
profunda
oscilación
de humedad tras humedad
de napas tan ocultas tan
que me atraviesan.

Y voy hecha tajo
transgrediéndome
mujer en el aullido.

Murmuración toda
huella tu lengua
temblor y estampida, quiero
en el hueso del hueso
y mi lengua
encabritada
y lamido
en la cavidad roja
donde perecer grito y fiera.

Ajena



Ajena


Arriba la luna en un zumbido
cómplice de esta ruta que me desnuda,
va girando como letras
que se escapan hasta las sombras.

No sé de ésta que soy, ajena,
crepitante de piel
en alguna hoguera de gotas de vino o fuego.
Ni del hechizo de la tarde naranja
con sus nubes pintadas
en papeles que llevan lo que me queda.

Apenas sé de la perfección de la lluvia
de la tímida amarillez de los aromos
y de los milagros comunes de cada día.

Tan secreta de mí,
la sospecho celosa, frágil
perdida entre parajes doblados en una servilleta
que no se abre
y sólo a veces se extiende
súbita
sobre una mesa o alfombra o cama
de algún lugar
tan secreto también
que no me toca.

Tan olvidada de mí,
no me extraña pasar con los ojos cerrados
para no ver tus gestos en ella
de luz felina
o antorcha latiendo triste,
aunque semeje a lo que tú llamas quietud
o a lo que yo quisiera llamar amor.


* Un poema viejito 2006

Gran Surco


Sabe de mí esta geografía
de grietas y escritura desgarrada sobre el musgo

Sabe de las repetidas veces
en que me dejé caer
respiración y corteza y roca de agua
desbaratándose

Porque hay vértigo en lo tristemente inevitable
hay memoria que arrasa
y precipita el corazón al grito
como esos paisajes
que me ausentan
y me llevan de espaldas al norte
cargada de tantas y tan distintas muertes

Y he ahí que los brazos extendidos
también se rinden
y son apenas resonancia y viento
y, a veces, relieves allá afuera
rugido en el salto
que habrá de gravitar
como superficie en algún océano
de silencio implacable

Debí quedarme Huilo Huilo



No tienen destino de lluvia las palabras
no mi lluvia y mi cielo de febrero
no este puente que han erosionado
ni mis árboles de sur
más al sur de las verdades

Otras
de otras será su blanco escrito
su nube remitiendo a brisas
a tardes de verano
y caricias de duraznos
sobre la piel descubierta

Debí quedarme viento
en la montaña
debí quedarme aire alto
entre los saltos de agua
en Huilo-huilo
y así ser lluvia real
y sur
y lágrima infinita
que nadie viera en el disturbio de los siglos
y su celo
por los nombres en silencio
o por llamar a las acacias
cuando podríamos hablar de tantas arboledas.


*Foto: Salto del Huilo-Huilo, IX región, Chile. Febrero de 2009
* Huilo: palabra del mapudungun = grieta o surco/ huilo-huilo, en plural= gran surco.

Signo de Aire








.


Hay despedida revelándose

imprudente
de camino a las afueras.

Hay mejillas aferrándose a la calma
de este aparentarnos
cuando el tronar del aeropuerto
es un pasillo interminable
de accesos con sus números
y gestos que se fijan, y maletas
mientras las manos se preguntan
por los hasta cuándo
de los besos.

Entonces será todo lo que había
en este cielo dividido.

Y serán tus palabras un modo de no sufrir
el eco de los metros cuadrados
y las calles donde me pierdo.

Entonces habrá lo que había de tus brazos
con su calidez avivando la memoria
y este refugiarse en tus espaldas
hasta que regreses.


Volver a la Luz

1.

Vuelvo a la luz

de pronto

al ejercicio del sueño dentro de la vida
al imposible vivir
sin haber imaginado

aferrada al cuerpo
me desnudo

por un lapso breve
entre noche y alba
-que es verdad de luna
en su creciente-
hallo aroma y embriaguez

y como si fuera toda biografía
atiborrada de destinos
que se encienden

soy yo misma el despertar de su lumbre.


2.

Un rostro espera

es un ovillo desmadejándose
de sonrisa tendida como hebra
al final de la historia

es oscuridad
remotísima en desvanecimiento

mientras el sol
instala su tienda
en otra isla

hasta donde regreso.


3.

Me gusta esta condición de tierra
y agua desolada
marcando mis solsticios

a solas se nutre la mirada
de objetos

cotidianos
pequeños

que iluminan el lento reflejar
del hombre
en todo aquello
en que se gasta.


4.

Esta que soy debe partirse
en pedacitos

nada es contradictorio ahora

a mi edad
la plenitud escasea

pero es armonía
toda esa gama de milagros

repartida
entre la que escribe y la que vive

estos poemas.


5.

Hay algo de juego en todo lo que fluye
naturalmente
como a escondidas en lo simple

ahí la gota que no se oyó caer

o acá el equilibrio de la luz
en el instante preciso
en que dejándose expandir
divide mi sombra en dos

como un par de negativos
listos a disputarse
mi próximo paso.


6.

¿Sabías que luz se emparenta con 'leukos'
del griego blanco?

en efecto,
brillantez
de un espacio que mantiene la pureza
en la nada impecable
de su vacío

¿será que vuelvo
a la sólida perfección
de estar a solas

tan

que ni siquiera
estoy conmigo?


7.

Tan pequeña insignificancia
la espina sobre la mano

rígida hiere
mientras más se infecta
su clavada

hay que sacarla a la luz
hay que sacarla hasta la lágrima

que se pose inofensiva

con pulgar e índice
elevarla

y soplar.


8.

Hay tibieza en cierta luz que puebla

que habita soledades
cuando son purificación
cálido mirar
y un permitirse

cuando son el guiñarle al brillo
que somos
y que siempre regresa
a los ojos de quien - amando -

ha llorado.


9.

La respiración es un animal
a veces

abrasante y enjaulado

que a la menor caricia
gime

suspira hondo
y repite su bufido
ahora doméstico

ante la intimidación insistente de la luna.


10.

Hay un blanco que es blanco
de su coraza

cal humedecida acertándole
a la luz con el destrozo de una estrella

hay manos y boca rota
pero hay la voz abierta como un cielo

y pies descalzos
o huellas de niño
en la arena que también es blanca
como la ternura indecible
de un castillo desmoronado


11.

Encandilarse
y que el exceso de luz nos predisponga

a sonreír
a lo que visualizamos
de la sombra

hasta extraviar los ojos
la pupila y su desembocadura
y perder el tacto

como quien se abrasa
de tanto mirar
destellos
en braile.


12.

Luces
ideas sobre mí
que desconozco

abro puertas
por las que se disgregan pieles
formas de ser
en busca de un centro

soy esto que sé
y todo lo que aún voy descubriendo


13.

Una mano es luz
cuando cae caricia en el hombro

y extiende su donación
extrema
alrecibir

Aquí está la mía
tómala
es un vuelo

palabras
que quieren tocar
la fragilidad de las oscuridades.


14.

Cruza un significado hasta su nombre
hay química de letras
en el trayecto

una voz dibujando la parábola
y todo el esplendor
de la sonrisa bajo su arco

dos comunicantes
y brillo en la mirada

no hace falta carne o verbo

Amanecer

Ha rasgado la noche su vestido
dos a solas
y ya nada que los cubra.


15.

Suficiente luz
el pan
el tren
y las rodillas

Soy ese balbucear
a veces
que apenas nutre la espera
en un profundo
ruego.


16.

De colores
cuando enfrentado al sol
el vidrio refracta sus partículas
así yo
cuando expuesta la verdad
un amigo me acontece

Hoy





Detenerse un día como hoy
y quedarse en la presencia:
una sombra que prevaleció sobre los besos.

Es la movilidad infinita
bajo la monotonía de un rostro.

A veces, también extraño los parques
y su impronta de vida otorgada
por el encuentro.

A veces, camino hacia los prunos
y su colorido febril me atardece
y entonces sucede que no puedo volver al deseo,
pero nada que lo defina es olvido
ni gestos por considerar,
porque hay algo de aire y abismo
entre esa pasión crecida como árboles
y este ramaje
que hoy apenas acaricia.

Contra todo pronóstico, te cito,
porque aquí, inclasificables
las imágenes no se detienen,
hay actividad
aún en dos almas acurrucadas bajo los años.

Tristeza Ferroviaria

"y ese gris
voraz e indescriptible
preciso necesario
no obsoleto
pesado y absoluto y sine qua non." HAmal



Es demasiado a prisa que se adhieren las nubes
como rescoldos
al cielo empantanado
antes de la lluvia.

Esta imagen se parece a la mirada
vaivén o arrebato
de paisajes que arrastran años
detrás de los recuerdos.

Los ojos lloran como búhos
queriendo dormir silencios
de amores descalzos
que no quedan
y así estamos
como un rostro pegado a la ventana
humedecida.

Me persigue el recorrido del adiós
como si volteara a la izquierda
y toda la vida se diera la vuelta
para volver a empezar.

Los viajantes

Un libro de poesía del "Novecento"
frente "Al corriere della sera" :
sería el trayecto acompasado a la Toscana.
Un silencio rectangular de ella y de él
como destino para las próximas seis horas.

Pero no hizo falta formalizarse desconocidos
un sol tibio se desprendió de su boca
y las páginas cayeron
curiosas ante el sedante de noticias cercanas.

Ella intuyó en su idioma la propia sangre
entonces sacó de su bolso palabras
que él podía ordenar como risas sobre un mapa
hasta deshacerlas eco
de ventanillas que ambos abrieron
como dos pares de ojos
cambiando de rumbo.

Pregunta

¿A dónde van a morir las despedidas
cuando avanza el tren
y es interminable
esta vía que no ceso de mirar
hasta un punto de lágrima rota
que me cierra los ojos?

Me conoce

Porque la vida no es precisamente
un refugio en la colina
la prefiero valle
-palabra a la intemperie -
así me dejo conjugar con los presentes
por el hombre que lleva las alas blancas de mi sombrero.

Van tan rápido los días
los ojos apenas detienen su tacto en lo que anhelan,
así va el hombre que me ve camino bajo el sol.

Ha descubierto en mi rostro, humores
le concede espacio a la soledad, porque la conoce
y se lleva cada tanto la mano a la cabeza
porque no siempre alcanza a traducirme
ni traza las huellas en la ventana
mientras la lluvia lo empaña todo
como a mí en esta distancia.

Por eso, precisamente
no quiero de sus manos el refugio en la colina,
no quiero la ficción de sus miradas
ni lo quiero cuenco de mis lágrimas,
porque así desacorazado,
como hacen los poetas cuando desnudan las palabras
me tiene libre, sostenidamente perdida
y hasta puede quererme
vulnerable
como al amor.

Compañía

Hablo de mí
de las huidas y el ajetreo de trenes
que me esconde
como si un silencio ocultara las formas
y la visión.
Hablo de las puertas que aparecen,
del ángel rezagado
que arriba siendo pan
cuando se cree mendigo al corazón
y la noche una extraña pordiosera.

Se trata de la inconsistencia de los lugares
cuando se sabe mentira un horizonte:
cuando no se distingue
lo que está o no presente
cuando irme no lleva a parte alguna.
Se trata de esta mente inhábil
tan separada de mí,
de este cuerpo que toca, que es manos y pies
de Santiago en Chile
y a veces marca un calendario antiguo
y otras, desconocido.

Y hablo de él,
puedo sentirlo,
es ángel desde ningún lugar,
el más bello viene hacia mí,
ya no lo esperaba, es cierto,
llega tarde quizás,
pero es tal su compañía
que hoy estoy
luminosamente guardada
en no sé exactamente dónde.

Pasajeros

Aquí las horas se terminan
son aullido de balizas antes de morir,
dicen de lugares y conjeturas pasadas,
pronuncian adioses
y nombres extranjeros,
pasan
y la gente también pasa
en direcciones cargadas de algún valor
relativo
como una mujer que espera en la estación
y halla un sombrero blanco interpuesto entre ella
y un hombre pasajero.

A veces soy ella,
el hombre pasajero me acompaña
es gentil,
una sonrisa suya me mira
sabiendo que he perdido mis horas,
con cariño desarena un reloj nuevo para mí.
Sé que es capaz de llenarlo de besos,
y cuando la hora tiene que morir
otra vez
yo ya no quiero más besos, pero lo dejo.
A veces, un tremolar de vapores
a intervalos silba y nos distrae.

Presiento que tomará mi sombrero
entonces cierro los ojos
y sé que nada ocultará esta tristeza
cuando estemos situados cada uno,
solos
en medio de otros rostros
y sus recuerdos
que también son pasajeros.